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Sin pecado constituida

Sin pecado concebida: esta pureza divina es reivindicada por los adoradores de la Constitución, que el 6 de diciembre le levantan un altar

08.12.2016 | 20:56

Hace tiempo que llamo a este megapuente «de la Inmaculada Constitución», para resaltar que ambos días festivos celebran sendos dogmas, verdades reveladas e intocables, dudar de los cuales constituye blasfemia, herejía y camino de condenación. De la Constitución ya se ha hablado mucho esta semana, y volveremos a ella al final del artículo. Vamos a hablar ahora de la Inmaculada.

La fiesta católica del 8 de diciembre recuerda que en tal fecha de 1854 el papa Pío IX proclamó que la doctrina de la Inmaculada Concepción «ha sido revelada por Dios y por lo tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles». En otras palabras: elevó una creencia tradicional a la condición de dogma, del que no se puede ni siquiera «dudar en el corazón», pues la duda ya es pecado.

¿Y qué es la Inmaculada Concepción? No es, como muchos piensan, la virginidad de María, que es un dogma diferente y mucho más antiguo (del año 325). El de la Inmaculada proclama que María nació libre del pecado original, aquel que pesa sobre todo el género humano desde que Adán y Eva desafiaron a Dios en el Paraíso (lo del árbol y la serpiente). La creencia elevada a dogma es que Jesús solo podía ser gestado en un vientre de pureza absoluta, sin ningún tipo de pecado, ni siquiera el original.

Hoy en día todo eso parece de una elevación teológica muy alejada de lo que preocupa a la gente, incluidos muchos católicos practicantes. ¿Es necesario que la fiesta desorganice el calendario laboral y escolar? ¿No se puede pasar el domingo como se hizo con el Corpus, que celebra un dogma mucho más central, el de la presencia del cuerpo de Cristo en la hostia consagrada? Pero España siempre fue un país muy devoto de María. A veces parecía más mariano que cristiano. Por eso se levantan ampollas cuando se habla de mover fiestas marianas como la Inmaculada.

Sin pecado concebida: esta pureza divina es también reivindicada por los adoradores de la Constitución, que cada 6 de diciembre le levantan un altar. A pesar de que, si rascamos, veremos que muchos de ellos la habían reprobado por excesiva. Ahora la convierten en trinchera de sus posiciones inamovibles. ¿Concebida sin pecado? ¿Sin presiones, interferencias, amenazas y ruido de sables? Venga ya.

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