Columna abierta

Un gramo de sensatez

11.12.2016 | 00:41

Sesenta y tres gobiernos en setenta años dan la media de un año y un mes de duración. Esto es estabilidad y lo demás son bromas. La profunda preocupación de Rajoy por la pérdida de unos meses en elecciones e investiduras fallidas denota una extraña crisis de ansiedad si se compara con el caso italiano. Su colega Matteo Renzi, segundo líder no electo en la actual legislatura, abre paso al tercero si el presidente de la República no convoca elecciones. El problema es la Constitución vigente, que da al Senado el poder de vetarlo todo, o casi todo. Las constituciones nacen en coyunturas específicas que no pueden soslayar, pero pasa el tiempo, cambian las circunstancias y acaban paralizando la gobernanza en corsés de acero.

El modelo territorial de la Constitución Española parece agotado, no tanto por la presión secesionista de Cataluña cuanto por la creciente incomodidad de las autonomías en un cerco de limitaciones que tiende a uniformizarlas a despecho de la diversidad. La reacción es el cantonalismo neofeudal, justamente lo contrario de la paridad confederal. Esta y otras señales de obsolescencia animan resabios centrífugos improcesables en la galopante globalización. Y no se hable de referéndums, porque todos salen al revés de lo que sus promotores intentan. Tomen nota de esta realidad para desdramatizar el del feudo catalán, que jura fidelidad a su parlamento mientras desprecia la debida al parlamento del Estado.

La buena noticia es el fracaso del neofascista Hofer en las elecciones presidenciales de Austria. A falta de las generales, la república tiene de momento un presidente demócrata y europeista. Ojalá que Le Pen siga el mismo camino y olvide Trump sus chorradas populistas, controlado por las mayorías republicanas que lo aprecian más bien poco. Y que Theresa May siga defendiendo a uñas y dientes la separación británica de Europa hasta convertirla en una caricatura, que a lo mejor es lo que pretende. Westminster ya le ha dado un aviso y el Tribunal Supremo puede confirmar que en este contencioso no basta la voluntad del gobierno. Seamos optimistas. Quizás la sensatez no esté tan machacada como parece.

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