El ruido y la furia

Jugar con fuego

El peligro con las causas es creerlas tan nobles que cualquier sacrificio de los demás está plenamente justificado

16.12.2016 | 05:00

Es tan ancestral, y tan renovada, la fascinación del hombre por el fuego! En uno de sus certeros versos, Jorge Luis Borges da las gracias «por el fulgor del fuego, que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo». Entre los símbolos que forman parte del imaginario común no hay ninguno que, como el fuego, contenga al mismo tiempo, y de una manera tan balanceada, la fórmula vida-muerte, muerte-vida. En uno de nuestros monumentos literarios, La Celestina, se dice que «entre los elementos, el fuego, por ser más activo, es más noble y en las esferas puesto en más noble lugar. Y dicen algunos que la nobleza es una alabanza, que proviene de los merecimientos y antigüedad de los padres; yo digo que la ajena luz nunca te hará claro, si la propia no tienes». Me viene todo esto a mano, sin quererlo, sin buscarlo, viendo cómo en estos días unos independentistas catalanes han estimado oportuno quemar unas fotografías del Rey para mostrar así su sentimiento separatista.

Del independentismo catalán no tengo nada que decir. Creo firmemente que cada cual puede sostener las ideas que quiera, y defenderlas, y nada más hay que tener cuidado de no pisar la raya de la libertad de los otros. El peligro con las causas es creerlas tan nobles que cualquier sacrificio de los demás está plenamente justificado. A mí me provoca, como dicen en Hispanoamérica, me interesa, un debate sobre la soberanía y sobre el independentismo, pero no soporto que ello acarree la más mínima violencia. Si no puedes defender tus argumentos con palabras, sencillamente es que no son argumentos y no estás en condiciones de debatir. Es como en aquel viejo chiste: «por qué estamos discutiendo si esto podemos arreglarlo a hostias».

Pero a lo que iba. Quemar fotos de alguien, del Rey en este caso, no deja de tener un puntito infantiloide, un algo de adolescente mosqueado porque le han castigado sin paga y sin salir. Ni siquiera llega a vudú de marca blanca, aunque inevitablemente evoque esas prácticas mitad brujería mitad religión. Nadie con un mínimo de seriedad y de templanza entiende que la mejor manera de defender sus ideas es quemar la foto de otro, como si fuese un amante despechado que rompe las cartas y devuelve el rosario de la madre, ya saben, esa iconografía de copla y aguardiente. Todo ese arrebato violento, toda esa pataleta, acaba desprestigiando aquello que se pretende defender. Se puede ser republicano y respetuoso (yo lo intento), del mismo modo que se puede ser independentista y pacífico. Lo que no se puede es ser violento e infantil, porque acabas incendiando tus propios juguetes.

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