La señal

Ojo con lo que decís

18.12.2016 | 05:00

Condenan a una joven por denuncia falsa, simuló acoso y agresión sexual de cuatro compañeros de colegio. ¿Cuántas más no habrá y no salen a la luz? Por eso, el Juzgado de Menores número 1 de Málaga ha condenado a cien horas de prestaciones a la comunidad a una joven de 17 años. Eso de las prestaciones a la comunidad es muy guay. Si era menor, ¿por qué no les imponen a los padres una importante sanción económica que les estimule a educar mejor a su hija? Aquello que no ocurrió no fue una tontería, era el curso escolar 2014-2015. La denuncia falsa de la nena conllevó que se impusiera a los menores varias medidas cautelares, pero a ella le dio igual. Desde luego, no es como aquel individuo que apuñaló al dueño de la casa en la que entró a robar y al que la Fiscalía le pide ocho años de cárcel. Pero, atención, a las personas que salieron en defensa del herido, familiares y amigos, tres años por las lesiones causadas al asaltante. Ya lo saben, no se pega a los malhechores, se les da mimitos. El agredido estuvo a punto de perder la vida por una herida inciso contusa en el tórax, un shock hemorrágico y una parada cardiorrespiratoria prolongada. El criminal contusiones y hematomas y€ hasta perdió dos dientes, pobrecito. Seguro que Bergoglio le consuela, eso sí, no recibe a Tintori –la esposa de uno de los líderes venezolanos presos– en el Vaticano sino a Carmena y Colau que les dan «buena onda». Pero si hasta los podemitas llevan el caso Bódalo a Bergoglio, confiados en su bondad con los malos.
Pero no nos engañemos, lo que verdaderamente preocupa al ciudadano es Hacienda. Si te pone el ojo encima, malo. Menos mal que hay malagueños que trabajan pese a todo, así a Juan José García, director gerente de FarmaQuímica Sur, se le ha impuesto la medalla a los 25 años de permanencia en el Colegio de Farmacéuticos de Málaga y sale fuera y abre mercados para su empresa. Por ahí van los tiros. Otros, como Lagarder Danciu, un activista de origen rumano, no deja hablar a Juan Cassá en la Plaza de la Constitución el día de ídem. ¡Pero bueno! Esto de los activistas sociales se ha puesto de moda, habría que inventar los contraactivistas para animar sus actos, a ver si se portaban los afectados tan bien como nosotros. Es cuestión de comprobarlo, no sea que siempre sean los mismos los molestados y también los mismos los molestadores, cambiemos los papeles, eso es lo que necesita la sociedad española, que los que hacen de galgos sean liebres y las liebres galgos. Por cierto, que conocí hace unos días a Iván González, de Libres, su presidente nacional, odontólogo malagueño que recorre España con su mujer intentando abrirse camino en el centro centrípeto y su logo es la liebre ¿Por qué no habla con Aznar y Faes?, allí están muchos descontentos con el dibujo del centro. En realidad, todo el mundo está descontento, militantes críticos del PSOE que se mueven por la provincia como almas en pena pidiendo un congreso; los del malagueño Alberto Montero que se revuelven desde el errejonismo contra la satrapía de Iglesias-Monedero amenaza a aquellos, «ojo con lo que decís» –TranC´sparencia–, que acaba de salir a la luz... Este es un país de descontentos, de ahí nuestra gracia, reconocida en el mundo entero.

Pero las cosas que pasan aquí no son normales, si no díganme ustedes si en la cena de Navidad del PP en Torrejón de Ardoz cuando se escucha a Mariano al terminar su discurso decir «ya preparando las próximas elecciones» no es para asustarse, ¿va a disolver las Cortes? Pero más gracias tiene Rafael Catalá, ministro de Justicia, que manifestó en el Congreso muy serio que «hay que seguir trabajando en la mejora de nuestro sistema de corrupción». Es lo que yo digo, hay que hacer bien el trabajo porque, en otro caso, pasa lo que pasa. Mientras nos empeñamos en tan loable quehacer, Feliz Navidad, queridos lectores que os asomáis a esta pequeña ventana que da a la calle por la que pasa el mundo. Francisco Martínez de la Rosa, a principios del XIX, escribía para alegarnos el corazón:

De pompa ceñida bajó del Olimpo
la Diosa que en fuego mi pecho encendió
sus ojos azules, de azul de los cielos,
su rubio cabello de rayos de sol.

cima@cimamalaga.com

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