Con otra cara

Un profesor en la calle

17.12.2016 | 21:32

Hay quien dice que la Iglesia católica está trasnochada. No sé en ritos, consignas y tradiciones, pero, desde luego, no en tecnología.
Convencidos de que no pueden sentarse a esperar la llegada de los feligreses y de que para los jóvenes no existe nada que no pase por su smartphone, hay decenas de aplicaciones para llevar a la Iglesia más cerca y no en sentido espiritual. Así, los seguidores del papa Francisco pueden seguir los discursos y actividad del pontífice con una app llamada «The pope App». «Rezando voy» permite escuchar la oración sobre el Evangelio de cada día. «Rota católica» posibilita localizar parroquias, capillas, iglesias y horarios de misas en cualquier lugar. Hasta se puede llevar la Biblia en el móvil en varias versiones, seguir el rezo del Ángelus en castellano o en latín, leer el rosario o llevar al día el santoral con la posibilidad de enviar felicitaciones. Y esto no ha hecho más que empezar.

Acaba de lanzarse una aplicación que permite localizar a un sacerdote que te confiese hasta en la calle si te entra una urgencia. Se llama «confesor-go» y el creador es el sacerdote de Cuenca y doctor en Comunicación Social Ricardo Latorre, quien está convencido de que los sacerdotes deben salir a la calle y ser más accesibles, sobre todo para gente que ha perdido la costumbre de ir a la Iglesia pero que sigue siendo creyente.

La aplicación permite encontrar al sacerdote más cercano dispuesto a confesar, con sus datos y lugar donde encontrarlo, incluyendo una fotografía para que el usuario pueda identificarlo. Por ejemplo, sales a correr, te acuerdas del pecado del día anterior y la conciencia no te permite esperar a ir a la iglesia por la tarde y, no hay problema, le das al «confesor-go» y localizas a los sacerdotes más cercanos que estén disponibles para perdonar los pecados. Los curas podrán estar en la iglesia, pero también en la calle, en el médico o en una plaza dando de comer a las palomas y, si realmente lo necesitas, confiesas tus pecados al cura en un banquito y en un santiamén puedes volver a la carrera aprovechando el trote para recita los padrenuestros que te hayan puesto de penitencia. Es algo así como un servicio de urgencias pero para el alma, lo que no deja de suponer un alivio sobre todo para los católicos hipocondríacos que, si esto se generaliza, van a poder encontrar a un sacerdote en la calle para que les libere del peso de la culpa hasta por los malos pensamientos. Lo mejor para que no ocurra como en los saturados servicios de urgencias de los hospitales es que alguien aclare qué pecados justifican recurrir al cura exprés porque si no, tal como anda el mundo, los pobres no van a dar abasto.

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