Espacio abierto

La tesis de Hogan

18.12.2016 | 01:54

El profesor Michael Hogan, emérito de ciencia política de la Universidad de Sídney, vino a España por primera vez en los años 80 atraído por su cultura, su lengua y, sobre todo, porque veía aquí el ejemplo apasionante del tránsito de una Dictadura a la Democracia, que conllevaba además un modelo de estado en el que un australiano podía mirarse y comparar versiones diversas de federalismo. Se encontró con el golpe de Estado de Tejero y Milans, pero no cejó, y desde entonces y hasta principios de los años 90 continuó volviendo para estancias de investigación, con Mary Jane y sus dos hijos, que estuvieron matriculados en un colegio público malagueño. De todo aquello ha quedado en este hogar de Sídney un gran sabor a España, y un nivel de español que ya quisiéramos tener muchos universitarios en nuestro inglés.

Lo mejor de la tradición del hispanismo es que mira desde afuera al interior de este país tan atractivo y tan complejo. Una mirada apasionada y clarificadora para nosotros, cegados tantas veces por lo que nos parece exclusivo, peculiar, y no lo es tanto.

A Hogan le debemos de aquellas estancias en Málaga, copiando el título de la novela de Sender, su «tesis». La dejó en dos preciosos trabajos disponibles en la red: uno sobre El delegado provincial en la política autonómica, y otro, el que él considera más interesante, sobre la confluencia de competencias políticas y administrativas en el caso de la creación de las playas de La Malagueta. El primero debía ser una especie de catecismo para cualquier delegado de la Junta de Andalucía por la manera en la que explica el papel de unos altos cargos que tienen que combinar con inteligencia tres lealtades: al partido, a la provincia y al gobierno regional. Y en el segundo estudio, Hogan demostraba cómo si se logra alcanzar la cooperación institucional, se puede salvar la complejísima maraña de competencias compartidas y lograr así, en un tiempo record, el gran éxito de poner en servicio una nueva zona de playas en el corazón de la ciudad, impulsando su primera industria estratégica, el turismo.

Los hispanistas –ya lo dijo Raymond Carr sobre Brenan- escriben de ida y vuelta porque en el fondo piensan siempre desde su país, y en este caso, seguro que Hogan estaba pensando en su preciosa ciudad de Sídney, tan marinera como Málaga, pero que en muchas cosas debería servir como modelo para nosotros. En sus años como docente activo, Hogan ha escrito sobre la influencia del factor religioso en la política, sobre la política del laborismo australiano y la historia del partido laborista en su pueblo de Glebe –un estudio de historia local pegada a la gente, que él defiende frente a los afanes mundialistas de moda entre los jóvenes investigadores–, y una historia de su departamento universitario y de sus maestros y colegas: un monumento y una prueba de la bondad de este amante de España, donde sería imposible hacer algo así por el cainismo tradicional en el mundo de la Universidad.

Aunque puedas toparte con españoles, y con algún malagueño ya establecido allí, creo que Australia está más lejos desde Málaga, que Málaga desde Sídney. Habla esto bien de los australianos, que carecen de ese mal endémico en nuestro país del patriotismo pequeño, que hasta hace bien poco nos ha impedido mirar más y mejor al mundo. Porque pensamos que el nuestro es el mejor de los posibles, cuando en realidad salir de él sería la mejor vía de conocernos y poder valorarlo de verdad. Salir para comprender, para aprender, para situarnos bien ante la realidad compleja de hoy. Viajar para darnos cuenta de que cualquier mundo, por lejano que esté y por diferente que sea, es el nuestro. Esa fue la tesis de Hogan, quien, además, recibe hospitalariamente en su casa de Glebe a los viajeros. Y les muestra con orgullo Australia, un país joven, mestizo como ya va siendo el nuestro, que mira siempre a Europa aunque se encuentre ahora en el lugar geopolítico del planeta «donde está la movida». Y que ofrece a diario las enseñanzas, el humor y la conversación inteligente de un sabio machadianamente bueno.

*Fernando Arcas es profesor Titular de Historia Contemporánea de la UMA

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