En corto

Apocalypse Now-2

26.12.2016 | 05:00

No es que los extremos se toquen, es que hacen el completo, aunque sea odiándose, o, mejor dicho, con el odio como combustible de su pasión fatal. Andaba Trump en horas bajas incluso antes de entrar en el horario laboral, cuando el brutal atentado terrorista de Berlín lo convierte para muchos en el hombre que le hacía falta a Occidente. Es un juego perverso y muy clásico del terrorismo en cualquiera de sus formas, que aspira a provocar una reacción excesiva que a su vez eche en sus brazos a indecisos y hasta a indiferentes. Es decir, los extremos funcionan cargándose de razón en sus extremismos, hasta que entre unos y otros se cargan lo que quede de razón en el patio. No comparo a Trump con el ISIS, claro, pero son los polos para que, en lugar de ir sofocando los bomberos el incendio, salten nuevas chispas que propaguen el fuego, bajo la cosmovisión del fuego eterno.

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