Un poco más de sentido común

02.01.2017 | 05:00

Hace falta más sentido común, más serenidad frente a la irreflexividad que impone Twitter, y sobre todo madurez para enderezar el rumbo en un joven partido que anda como desbocado.

Me refiero por supuesto a Podemos, que es más noticia estos días por la gresca entre algunos de sus dirigentes vía redes sociales que por la tarea diaria de oposición al Gobierno.

Hace falta más sentido común, pero no de ese del que tanto presume nuestro presidente, sino del que tiene tanta gente sencilla de este país como esa abuela extremeña de 76 años que les ha echado una bien merecida regañina.

Una mujer que se dice de izquierdas desde que nació y que, desencantada con el PSOE porque se olvidó de la gente humilde, votó en su día a Podemos y hoy se siente, como tantos que lo hicieron, hastiada de tantas desavenencias entre sus dirigentes.

Eso del debate y la transparencia está muy bien, dicen quienes piensan como ella, pero los trapos sucios, que siempre los hay, mejor se lavan en casa porque, a base de airearlos en público, serán otros quienes se froten las manos, como está ocurriendo.

Nada significa eso de «vieja» o «nueva política»: lo que ocurre en Podemos no es otra cosa que la recurrencia de los vicios españoles de siempre, que ya denunciaron en su día los moralistas propios y ajenos: la intolerancia y la envidia.

No puede ser que se destituya a alguien por razones que no quedan para él ni para nadie claras. Al leer esas noticias, uno no puede evitar pensar en las purgas de regímenes que queremos olvidar o en el personaje de Josef K en el famoso relato de Kafka.

Y aunque no esté últimamente de moda hacerlo, es oportuno rescatar unas palabras de Ortega y Gasset referida a nuestra malhadada Segunda República:

«Lo que no se comprende es que habiendo sobrevenido la República con tanta plenitud y tan poca discordia, sin apenas heridas, sin apenas dolores, hayan bastado siete meses para que empiece a cundir por el país desazón, descontento, desánimo, en suma, tristeza».

Sí, descontento, desánimo y tristeza es lo que deben de sentir ahora con lo que ocurre muchos de quienes, esperanzados, dieron su voto por vez primera a Podemos.

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