Tierra de nadie

Propósitos y despropósitos

02.01.2017 | 23:17

El día 1 de enero es tan bueno o tan malo como cualquier otro para comenzar una novela. O para dejar de fumar. Un alumna mía, exmonja de clausura para más señas, se propuso el año pasado comenzar una novela y dejar de fumar justo el 1 de enero. Cuando a mediados de diciembre me contó su propósito, le recomendé menos ambición a cambio de mayor eficacia.

–Ni comenzarás a escribir la novela ni dejarás de fumar. Son propósitos incompatibles. No se pueden realizar a la vez.
–Te olvidas –aclaró– de que he sido monja.

Quería decir que le sobraba disciplina. Como le molestara mi expresión de escepticismo, añadió que terminaría el libro el 31 de diciembre de 2016 y que me lo enviaría por correo electrónico el 1 de enero de 2017.

Así quedaron las cosas. La mujer continuó acudiendo a mis clases sin que volviéramos a hablar de su libro, aunque supe que al menos había dejado de fumar porque ni su pelo ni su abrigo olían a tabaco. El otro día, 1 de enero de 2017, abrí el ordenador a media mañana, pues no me había acostado muy tarde, y vi en la bandeja de entrada un correo de Lola, que así se llama, con un fichero adjunto: una novela de ciento veinte páginas.

Comencé a leerla y enseguida me atrapó. Trataba de una exmonja que deja de fumar y comienza una novela justo en las primeras horas del nuevo año, cuando todo el mundo se divierte. El primer capítulo está dedicado a las sensaciones físicas que le produce el mono de nicotina descritas con tal minuciosidad que logra trasladar el mono al lector, o sea, a mí, que llevaba más de dos años sin fumar, si exceptuamos algunas caladas sustraídas de los cigarrillos de amigos fumadores. Me hizo sentir tal ansiedad que salí de casa, busqué un bar abierto y compré un paquete de Camel con el que regresé a casa, aunque aún no lo abrí. Confiaba en superar el trago. Tener el paquete al lado me proporcionaba seguridad. Una seguridad inútil, pues cuando llegué a la página diez, encendí el primero y ya no pude parar hasta que terminé la novela. Una novela planificada como un suicidio y que funciona como un tiro. Significa que hay propósitos que se cumplen, aunque son más los despropósitos que se consuman.

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