Por dentro y por fuera

Señales

05.01.2017 | 22:17

Pese a que aún faltan unos días para que tome posesión, la influencia del presidente electo de EEUU, Donald Trump, ya se deja notar en la ola desglobalizadora de los últimos tiempos (aunque sea a golpe de tuit).

Así, Trump amenazó al principal fabricante automovilístico norteamericano, General Motors, con aplicar elevados aranceles a sus coches fabricados en México. Por otra parte, no dejó de congratularse tras la decisión de Ford (segunda marca nacional) de cancelar la creación de una planta productiva en el vecino del Sur y, en su lugar, sustituirla por una inversión de 700 millones de dólares en Michigan, con el objetivo de fabricar coches eléctricos. Es decir, el votante de Trump percibe que quiere moderar los efectos perversos de la globalización: deslocalización (con peores condiciones laborales) y elusión fiscal.

Por otra parte, en otro país puntero en fase de repliegue, el Reino Unido, se anunciaba la dimisión sorpresiva del embajador británico ante la Unión Europea, Ivan Rogers, tras la presión de los partidarios de un Brexit duro en el gobierno de Theresa May. Su rápida sustitución por el diplomático Tim Barrow indica que las negociaciones con Bruselas serán llevadas por alguien en línea con las intenciones de los halcones de May, que no dudaban en tildar a Rogers de eurócrata.

La incógnita sigue siendo hasta dónde se expandirá esta tendencia favorable a un mayor proteccionismo y una menor libertad de movimientos (la próxima parada la tenemos en las elecciones holandesas, en marzo, en las que el populista Geert Wilders encabeza los sondeos). Y en si será tan duradera y perjudicial como otras fases semejantes (por ejemplo, el turbulento período 1914-1945).

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