La señal

El politiqués

07.01.2017 | 22:24

En Madrid se creen que con dinero van a comprar a los separatistas con corbata, como apuntaba hace poco la lúcida Cayetana Álvarez de Toledo. Quien legitima a los pirómanos de la CUP es el nacionalismo del establishment, que no se entera Soraya, y eso que tiene al CNI desplegado. Reclaman diálogo y se conjuran en la secesión. Qué tiempos más interesantes, y peligrosos. Pero ya se sabe que el politiqués es como las flores de Bach, no dice nada, es la lingua franca de todos los partidos. Pero si la malagueña Editorial Sirio vende astrología, chamanismo, espiritismo, reiki, hadas, gnomos y duendes, ¿por qué no van a vender los políticos con su politiqués las milongas a las que nos invitan? En realidad, es una suerte de droga con más éxito cuanto más tontos y es que la naturaleza humana es muy crédula porque tenemos el derecho de admisión relajado.

Por eso conviene leerse cuanto antes El engaño populista, de Axel Kaiser y Gloria Álvarez. Nos ayudará a comprender mejor lo que pasa.
Tengo que recomendarle el libro al abogado Antonio Urdiales. La última vez que lo vi fue en El Figón de Montemar, qué exquisito cordero.
Recitaba legislación como un judío la Torah, esta es una mente prodigiosa como la de John Forbes Nash, ¿recuerdan la película de Ron Howard con Russell Crowe? En aquel almuerzo, en el que me acompañaba Juan Vallejo, presidente de ACET, nos aclaró pleitos de otrora, habló de los buenos y de los malos y mucho más que ahora no importa. Después están los lobos con bufanda, ¡ah, y no se pierdan El infiltrado!, en cartelera, real como la vida, el narco en estado puro.

No sé si Ángeles Vergara, la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento torremolinense ha almorzado aquí, junto a estas cristaleras que dejan que nos bañe el sol, pero es cosa de preguntárselo. Y a María Viedma, autora de El Mar de Salomón y experta en mujer y masonería, le preguntaré si conoce el templo, allá en el Puerto de la Torre. Pero en cualquier caso deben conocer las dos a Diego Batista, maitre de El Palmeral, un encanto. Allí comentamos lo de Manuel Medina, pero mira que hay que estar mal para darle ese beso fingido a Teresa Rodríguez, ahora purga su desvarío fuera de la Cámara, aunque ya las cámaras no son lo que eran, signo de distinción social –pese a que algunos no se hayan enterado todavía–, ahora están congeladas en el tiempo como una foto color sepia después del desmontaje de Zapatero, ¿verdad, Jerónimo? El síndrome cameral, se decía hace unos años, ahora ni eso. Nada es lo que era. Otros son menos materialistas y se elevan en la práctica de su religiosidad, como Juan Travesedo, al que alguna vez me encuentro en la calle Alemania repartiendo unas hojitas a las chicas que quieren abortar, con gran enfado del cubano que tiene allí la clínica, su negocio. Libertad de expresión, camarada.

Como lo que me contaba hace unos días una joven pareja de españoles que han vivido unos años en Houston, EEUU. Los maestros en los colegios y en el trato con sus alumnos tenían que situarse delante de las cámaras que enfocan determinados lugares del centro para dejar constancia así que el contacto físico era correcto y no se producía nada que pudiera considerarse desviado de la normalidad. Incluso un abrazo a un niño o a una niña seguía cierto protocolo y tenía lugar de lado. Estas escenas no se dan, claro está, en todos los EEUU pero son un botón de muestra de lo políticamente correcto y hasta donde se puede llegar para evitar los abusos. Así se retrasa la línea roja en vez de fijarla donde el sentido común coincide en que debería estar. En España esto también sucede, por ejemplo, cuando un padre o una madre reprenden a su hijo y le dan un cachete, lo que puede ocasionarles un serio disgusto en la comisaría. Vamos demasiado lejos, hemos llegado donde nadie. Así escribía Gonzalo de Berceo en Milagros de Nuestra Señora con mucha más sencillez:

Era un omne pobre que vivié de raziones,
non avié otras rendas nin otras furcïones
fuera quanto lavrava, esto poccas sazones:
tenié en su alzado bien poccos pepïones.

Por ganar la Gloriosa que él mucho amava,
partiélo con los pobres todo quanto ganava;
en esto contendié e en esto punnava,
por aver la su gracia su mengua oblidava.

cima@cimamalaga.com

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