Tribuna

El compromiso político de John Berger

09.01.2017 | 23:36

Los medios de comunicación de la primera semana del nuevo año nos han traído la noticia: John Berger, el novelista británico e intelectual de izquierdas ha fallecido a los noventa años en una localidad a las afueras de París, después de vivir gran parte de su vida en un pueblo de la Alta Saboya francesa donde residía desde los años setenta. Berger, que comenzó su actividad artística como pintor, terminó convirtiéndose en uno de los novelistas más importantes del siglo XX, convencido de la mayor capacidad de la literatura para transformar el mundo. Como el mismo escribió: «porque pintar cuadros no era una manera suficientemente directa de luchar contra las armas nucleares». Ese compromiso lo extendió Berger a los otros muchos géneros que practicó magistralmente como el ensayo, el periodismo, la poesía, el teatro, los aspectos teóricos de la visión artística. En todos ellos, como en su obra novelística, denunciando y animando a la lucha contra el sistema capitalista y sus secuelas nefastas para el hombre del que Berger siempre tuvo una visión positiva, haciendo suya la impronta del humanismo marxiano. Porque el ideario que impregna toda su obra más que marxista es marxiano con claras influencias del pensamiento del teórico marxiano Walter Benjamin y del filósofo neerlandés de origen sefardí Baruch Spinoza. Los temas de sus novelas y de sus ensayos giran siempre en torno a los problemas de clase, de los cambios históricos mediados por el desarrollo del capitalismo... que son el contexto en que se mueven, viven, mueren y desde el que se explican sus personajes sin que en ningún caso caiga en cualquier clase de reduccionismo determinista. Así, por citar solo algunos de los de asuntos que tratan sus obras, está el tema del compromiso político del artista en su primera novela Un pintor de hoy (1958); el de la situación de Europa antes de la Gran Guerra como contexto de una potente reflexión sobre la sexualidad masculina y la moral burguesa en G (1972), novela por la que obtuvo en Inglaterra el prestigioso premio Book Prizes, la mitad de cuya dotación donó al partido británico de los Panteras Negras con el consiguiente escándalo. En su trilogía De sus fatigas, de la que destaca una de sus obras más conocidas el libro de cuentos Puerca Tierra (1979), trata de un tema de claras resonancias en la historiografía marxista británica como es el del fin del modo de vida campesina tradicional y su desaparición definitiva por el traslado de sus habitantes a las ciudades, proceso iniciado con el inicio del capitalismo industrial en Inglaterra y que, tras las dos centurias pasadas, está en peligro de extinción y cuyas tradiciones y modo de ver el mundo, su concepción del valor de hombre y la vida, Berger reconstruye en las páginas de esta trilogía. Un séptimo hombre (1975) es un ensayo reportaje sobre la vida y la miseria de los inmigrantes en Europa tras la Segunda Guerra Mundial cuya explotación no fue si no la base de la era del esplendor capitalista. Sus últimas obras han seguido analizando los problemas y realidades del mundo de hoy como es el caso de su novela Hacia la boda (1995) en la que analiza las transformaciones de Europa a partir de los años 90 tras la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética en el contexto de una historia de amor en tiempos del sida. O el análisis de la situación del mundo de hoy con referencia al terrorismo actual derivado de la situación de desolación y pobreza en que viven un conjunto de países de África, Oriente Medio y Asia y su propuesta de soluciones en una colección de ensayos titulada Hold Everything Dear (2007)... Como teórico y crítico de arte Berger alcanzó un gran éxito con aquel mítico libro Modos de ver (1972) que se convertiría después en una muy difundida serie televisiva de la BBC. En España la publicó la editorial Gustavo Gili y nos permitió a muchos lectores españoles comprender que más allá de las funciones ideológicas del arte y la materialidad de su producción siempre quedaba en última instancia la visión artística que no era sino otra forma de aproximarse a la realidad. Y tras ella, Berger publicó un conjunto de obras de esa naturaleza que, aunque con menor difusión, siempre tuvieron una excelente recepción. Como novelista Berger utiliza un lenguaje sencillo y claro pero la estructura de sus novelas es compleja al utilizar frecuentemente varios narradores, diferentes voces y emplear algunos elementos que no son los de uso tradicional en el género. El mismo ha dicho que más que un novelista al uso siempre se ha considerado en realidad un contador de historias. Su desaparición es, sin duda, la de uno de los mejores novelistas del pasado siglo, pero su honestidad intelectual y sus valores éticos, su humanismo positivo, su compasión y ternura por los campesinos, los pobres, los emigrantes, en suma, por los perdedores de la sociedad capitalista, siempre podremos seguirlos y apreciarlos leyendo la valiosa obra que deja.

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