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El Palique

La gripe

15.01.2017 | 05:00

Hay gripe estos días. Una vez dijo un médico que la gripe con medicamentos se cura en una semana y que sin medicamentos se cura en siete días. Ya no hay tiempo para tener una gripe de lunes a domingo. La gripe nos dura tres o cuatro días, a lo sumo dos en cama. En cama intermitente, que hay que ocuparse también de asuntos de la casa.

La gripe nos da la medida de nuestra fragilidad, nos entontece, nos desprotege, nos hace añorar a nuestras madres, nos introduce en una burbuja de edredón y vaso de agua, sonmolencia, aislamiento. Lo mejor de la gripe es ese día en el que uno anda bien ya pero no bien del todo. No bien para trabajar, ni para salir a la calle pero bien para leer o ver una serie, para estar en el sofá con una manta, un donut, un zumo.

Uno propaga en algunos grupos de whatsapp que tiene gripe para así recibir un cariño y por qué no una cachondeces de los amigos o conocidos. Se siente uno así algo más acompañado pero sin su intimidad vulnerada. Uno agradece cierto pitido del iPhone avisando pero no está para conversaciones ni debates en Twitter ni cosas complicadas. La gripe incita a cierto aburrimiento a ratos. Un aburrimiento que es la madre de la creatividad. Se le ocurren a uno guiones, novelas, aforismos, reformas de la cocina, decoraciones alternativas para el salón, viajes en el próximo puente. Con la gripe se echa uno los periódicos a la cara con ánimo de espectador lejano, como si lo que ocurre aquí mismo ocurriera en marte o saturno. Se ve todo como inútil, desafinado, estéril, repetido, cansino. Si acaso da placer encontrarse con un texto bien escrito, largo pero no kilométrico que nos transporte a una realidad lejana. La gripe da momentos de absoluto silencio, casa fría, techo que se mira. Hay una gripe subversiva que te hace pensar en rebeliones, una gripe que te vuelve dócil y recitador de plegarias, una gripe que se malcura por salir a llevar al crío a un cumpleaños, gripe sensiblera que te impulsa a soltar una lágrima en una película romanticona.

Están también las gripes ajenas que uno sufre como propias, la gripe de un niño, cuya respiración oyes mientras andas descalzo por el pasillo para que él no te oiga y es en esa oscuridad nocturna cuando te encuentras contigo mismo. A veces literalmente, dado que das un porrazo contra la puerta o el tabique. Estoy gripado, te dice un amigo motero. Los pañuelos de papel se acumulan. Hay gripes de lunes, propia de absentista, gripe de jefe que el subordinado celebra, gripe de adolescente que ve chafado un cubaterío sabatino, que tal vez incluyera posterior encame o coyunda. Griperío multiple que se esparce por el mundo y no entiende de sexos, edades o países. Hay gripes agripinas o griprofundas o grimosas. Conviene cuidarse y evitar la gripe, acaso sin menoscabo de que tal vez pudiera ser un derecho.

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