Punto final

Ser entrenador

22.01.2017 | 12:44

El destino hizo que hace año y medio se pusiera ante mí la oportunidad de entrenar un equipo de niños de 12 años. Llevo con ellos año y medio siendo un pesado para ellos. Un pesado porque no tiene que ser fácil aguantarme. No ha sido sencillo puesto que venía de entrenar a jugadores jóvenes pero ya con mas edad, haciendo un baloncesto más cercano al de élite. En esta nueva etapa tuve que cambiar las canchas de parqué rodeado de un equipo técnico de primer nivel, por los balones de goma, secar charcos y entrenar con chaquetón para evitar que el frío afecte a tu salud.

Con ellos he intentado, y sigo intentando, que aprendan a entrenar. Con esto me refiero a que se concentren, que no se despisten hablando con el compañero o que intenten trabajar poniendo el máximo esfuerzo. Voy muy despacio, persiguiendo que mejoren su baloncesto a través de la técnica individual. La repetición es el aspecto más importante para lograr ese objetivo y es básico no aburrir a los chicos con tanta repetición del mismo fundamento. Pasar, tirar, botar, correr, jugar uno contra uno, defender... Pero todo no es esto. También es muy importante enseñarles a jugar. El conocimiento del juego es fundamental. Cuándo tirar, cuándo pasar, cuándo botar, la ocupación de los espacios...

Por si fuera poco también dedico mucho tiempo a que los chicos tengan un sentimiento de pertenencia a un grupo, que sepan anteponer el equipo a su persona, ayudar al compañero, saber perder o saber ganar. En definitiva, un trabajo precioso y complejísimo que muchos piensan que cualquiera lo puede hacer o que todos entienden pero que los que vivimos esto con pasión y dedicación sabemos lo difícil que es. Tengo claro que me equivoco y que lo hago con frecuencia. Muchas veces lo haces sin darte cuenta y me parece básico para tu mejora como entrenador detectar esos errores para poner solución lo antes posible.

Sesión a sesión vas ayudando a que crezcan sin darte cuenta, como ese padre que no percibe que su hijo es más alto porque lo ve todos los días. Son otros entrenadores o gente del baloncesto a los que debes escuchar para evaluar si los chicos mejoran técnicamente o no, si juegan mejor a baloncesto, si hay evolución. Cualquier entrenador de niños de 12 ó 13 años se puede sentir reflejado en estas palabras. No hay nada nuevo.

Lo que yo intento hacer con mis jugadores es lo mismo que hacen todos ellos seguramente. Pero cuando entrenas niños tan pequeños o gente joven todo no puede quedar aquí. Ser entrenador tiene que ir un poco más allá. Todo no puede estar relacionado con el 15 por 28 que mide la cancha o lo que se hable en el vestuario. Tenemos que pensar que somos parte de su educación y su formación y debemos preocuparnos de otras cuestiones que son muy importantes para nuestros chicos. ¿Sabemos las calificaciones que han obtenido nuestros jugadores en el colegio? ¿Lo preguntamos? ¿Nos preocupa? ¿Nos informamos si un jugador tiene algún problema en su vida particular? Le dejó la chica que le gusta, se peleó con un amigo, malas compañías...

Tener respuesta para todas estas cuestiones es ser entrenador también. Y hay que hacerlo con mucho tacto porque no podemos usurpar el espacio de los padres puesto que ellos son los máximos responsables de la educación de los chavales. Los entrenadores debemos ponernos al servicio de los papás para lo que ellos consideren si fuera necesario cambiar alguna pauta que pueda afectar a un jugador o por si hay que reaccionar a cualquier cuestión. Las decisiones deben tomarlas los padres, sin duda. Nosotros tenemos que estar dispuestos a participar en esas decisiones siempre que ellos lo consideren. Los papás deben saber que pueden contar con nosotros si lo creen necesario. Tenemos que estar dispuestos a ayudar porque, en mucha ocasiones, los chicos idolatran a sus entrenadores y una conversación a solas puede tener un efecto mucho más importante que la mejor terapia de un profesional de la Psicología. Esto de lo que hablo nada tiene que ver con aprender a tirar parando en step back, por ejemplo, pero si no estás dispuesto a mojarte en su formación y educación no eres entrenador.

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