Tribuna

Bárbara Rey, reina toda la semana

24.01.2017 | 00:00

Como cada veinte años, es el momento de hablar de Bárbara Rey y lo bien escogido que tiene su nombre artístico (se llama María García). La historia que habla de una relación entre la vedette y el Rey emérito, don Juan Carlos de Borbón, lleva décadas siendo tema recurrente en la rumorología de nuestro país, pero de vez en cuando se vuelve de plena actualidad. Aunque Bárbara Rey siempre ha jugado con el tema, esta vez la caja de Pandora la ha abierto la publicación en un medio digital de unos supuestos pagos del CNI (antiguo CSID) a la presentadora para asegurar su silencio. Una vez abierta la veda, las televisiones se han puesto manos a la obra. Espejo público en Antena 3, Al rojo vivo y El intermedio en La Sexta y casi cualquier espacio que dure más de cinco minutos en Telecinco no han dudado en hablar de la historia. Con el escándalo de Corina como antecedente, las nuevas informaciones que hablan de 500 millones de pesetas de los fondos reservados para pagar, o más bien «apagar» el tema, no han dejado a nadie indiferente.

El programa de Ana Rosa, Sálvame y Sálvame Deluxe se han frotado las manos con lo que han llamado el «informe Bárbara». Al parecer, la vedette tendría en su poder grabaciones, vídeos y fotografías comprometedoras, un material que los servicios secretos querrían recuperar y por el que se interesó hasta el propio Mario Conde (el que faltaba) en los años 90. Si la historia de espionaje, erotismo y poderes en la sombra tenía intención de simular las películas de James Bond, la cosa salió mal. Muy patrio todo, la historia se parece más a cualquier tebeo de Mortadelo y Filemón. Los hombres de negro son aquí señores con barba postiza de apellido Anasagasti que, con mucho sigilo, se habrían colado en casa de la presentadora hace 20 años para llevarse las pruebas y abrir informativos y periódicos al día siguiente. Mención aparte merece el episodio de la piscina. Tras una reunión con varios agentes del CSID, cuentan que Bárbara Rey accedió a custodiar las pruebas en un maletín sellado hasta que recibiera todo el dinero. Ellos sabían que no se abría y ella se quedaba con las pruebas. Todo iba sobre ruedas hasta que la maleta empezó a echar humo, Bárbara, que de esto sabía un rato porque era clienta habitual de «La casa del espía», arrojó la maleta a la piscina. ¿Salvó las pruebas? Quién sabe... Unos dicen que las tiene en Luxemburgo, otros que tiene copias para aburrir y otros dicen que finalmente las entregó a cambio del dinero. Vamos, que nadie tiene ni idea.

Por si la historia no tenía suficiente miga, esta semana hemos conocido una lista de «pisos francos» (con «la casa rosa» como lugar principal) y hemos visto por dentro y por fuera todas las viviendas de Bárbara Rey. Ella, por el momento, está en paradero desconocido. Amigas íntimas, lejanas, vecinas, el jardinero y la gente que pasaba por allí tienen algo que decir ahora. Hasta las declaraciones del fallecido Ángel Cristo sirven esta semana. Qué circo...

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