En corto

Democracia directa

24.01.2017 | 00:00

Se pilla al cuatrero, se le lleva al pueblo encima de un caballo, en la plaza el clamor de la gente (a la que también han robado caballos) es que hay que colgarlo, se pasa la cuerda sobre la rama del árbol, se anuda al cuello del cuatrero, se le da un azote al caballo y asunto terminado. ¿Qué necesidad hay de un jurado elegido entre la gente para que la represente y decida si hay que colgar o no al cuatrero, dándole vueltas a si es cuatrero o no? Ganas de perder el tiempo y, sobre todo, de arriesgarse a que el cuatrero al final libre. Además, en caliente es cuando se decide mejor, librándose, de paso, de de toda esa peste de funcionarios, acusadores, defensores y representantes, a los que encima hay que pagar. ¿Que lo que digo es un linchamiento, dice usted? Bueno, esa es una palabra inventada por el sistema, o sea, por toda esa corte de intermediarios, burócratas y parásitos.

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