Sol y sombra

Checks and balances

25.01.2017 | 20:25

Theresa May estaba dispuesta a usar las viejas prerrogativas reales para invocar el artículo 50 del tratado de la UE e iniciar las conversaciones para la desconexión del continente. El Tribunal Supremo del Reino Unido se lo ha impedido: tendrá que autorizarlo antes el Parlamento, la institución más estable de la vieja Inglaterra que Churchill definió como el santuario de las libertades del mundo.

Es igual, nada va a cambiar, dicen en Downing Street, seguros de la mayoría conservadora y de la inacción laborista. En el sur de la pérfida Albión, sólo los liberal demócratas defienden con convicción la permanencia en Europa. Con un solo escaño en los Comunes el UKIP no cuenta; curiosamente sólo ha obtenido réditos en la Unión que rechaza. El proceso de desconexión se activará presumiblemente en marzo.

Pero, por alguna razón y para evitar poner en evidencia la desunión conservadora con respecto al brexit, May prefería que el Parlamento permaneciese al margen de una de las decisiones más comprometidas en la historia del país. Por eso apeló el fallo del Supremo y perdió. La única noticia buena para la primera ministra es que Escocia e Irlanda del Norte, con mayorías partidarias de vetar la salida de la UE, no tendrán que pronunciarse.

La misiones básicas del parlamento bicameral del Reino Unido son legislar, controlar la labor del Gobierno y proveerle de cargos, mediante una mecánica de equilibrios y contrapesos, checks and balances, que garantiza una voz consensuada. Se instituyó en el siglo XV para regular el poder de los príncipes ofreciéndoles resistencia. Sufrió dos incendios y docenas de bombardeos, intentaron volarlo y fue abolido por Cronwell. Su voz sobrevive ahora al capricho partidista de una dama aferrada a los designios del populismo.

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