El palique

Fétido espectáculo

Vivarachos concejales antaño fieles muerden con dientes de leche los tobillos a De la Torre. Ahora. Antes no tenían bemoles

26.01.2017 | 05:00

Unos cuantos alegres concejaletes del PP, vivarachos y con aspiraciones, están mordiendo los tobillos a Francisco de la Torre con esos dientes de leche, que están mutando en torcidos colmillos de político carpetovetónico.

Lo hacen ahora, que huelen la sangre y la debilidad, la terminalidad del mandato de De la Torre, que se tiene que estar arrepintiendo mucho de que su esposa anunciara que no volverá a presentarse. Lo hacen ahora porque antes no tenían bemoles. A De la Torre no le tosía nadie en la cara. Ahora le estornudan en plenas gafas. No le escupen. Lo harán. Pese a sus más de siete décadas de vida, De la Torre aún tiene mucho que aprender de la condición humana.

El alcalde está haciendo el torpe con lo de Limasa, después de haber hecho ricas a las empresas privadas que la gestionan y luego de tener buena parte de la ciudad hecha una mierda. Ahora quiere municipalizarla. Limasa, no la ciudad, lo cual sería una buena solución, aunque tristemente (y aún siendo uno muy partidario de que los servicios esenciales sean públicos) esto hará de la empresa un mastodonte inflado de personal y enfermo de absentismo. Tenemos ejemplos cercanos. El concejal de Medio Ambiente, Raúl Jiménez, dice que se va si municipalizan Limasa, sin que comprendamos por qué no se ha ido ya. El núcleo duro del PP se opone a esa municipalización; se opone Mario Cortés, lógicamente dolido porque le arrebataran la portavocía por capricho. Se opone Carlos Conde. Se opone Bendodo, que es el presidente del partido y no quiere heredar un marronazo si llega a la alcaldía.

De la Torre está aislado de su partido, que siempre le ha importado tres pimientos (la prueba es que ha ido cambiando de siglas) a lo largo de su vida, y no es descartable que sueñe con Juan Cassá, portavoz municipal de Ciudadanos y socio de investidura. O sea, que sueñe que Cassá fuese de su partido y pudiera legarle a él la alcaldía, no a los niños, como se lega en herencia una lámpara a un hijo que se ha portado bien. Y que no la ha fundido. Ayer el alcalde convocó a la prensa y compareció junto a los concejales, una puestita en escena de manual clásico: se trata de dar sensación de unidad. De funeral también dieron sensación a juzgar por los caretos en algún momento. Bullen los conspiraderos desde los que se contempla con satisfacción el desgaste supremo.

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