La chapa del sábado

Lo de mañana

Más humano y sobrehumano que nunca, Rafa Nadal vuelve a una gran final emocionando, como siempre

09.06.2017 | 20:23

Hace algo menos de dos años leía un libro de un periodista argentino, enamorado del tenis, que hablaba del mejor partido de la historia. Ese que, dilatado durante varios años, protagonizaron sobre cemento, arcilla y hierba, el suizo Roger Federer y el español Rafael Nadal Parera. Sonaba a epílogo, casi a despedida, el repaso a las épicas tardes y noches de tenis que ambos jugadores protagonizaron durante años, ante la irrupción del monstruo serbio Novak Djokovic y la aparición de las primeras molestias físicas y el entendible bajón físico de ambos, durante tanto tiempo dominadores absolutos del circuito mundial. Mañana, ambos protagonizarán la final del primer Grand Slam del año. Después de que afición y prensa hubieran empezado a teñir en sepia imágenes como las de Wimbledon en 2008 o, curiosamente, el choque final del Abierto de Australia de 2011, aquel en el que el suizo ya no podía más, vuelven Roger y Rafa, uno con 36 y otro con 30 años, para demostrar que aún tienen mucho que decir raqueta en mano.

Hay que detenerse un momento antes de que nos pongamos a ver con las tostadas y el café la finalísima de mañana para reflexionar cómo se ha tratado a Nadal los últimos años en nuestro país, después de habernos malacostumbrado torneo tras torneo a llegar, por lo menos a semifinales. Y como España es así, desmemoriada y ligerita, sobre todo en materia deportiva, abandonó a las primeras de cambio a un tipo que hizo del sufrimiento, el esfuerzo y el sacrificio para ganar cada punto y cada torneo su seña de identidad. «Este ya no gana nada más», se aireaba ya en bares, tascas y grupos de Whatsapp, tras una temporada con luces y sombras, cuando el Nadal más sufridor volvió a levantar a la afición en verano -no era difícil- para llevarse un oro en Río de Janeiro. Para muchos, el canto del cisne del mallorquín. Y le dieron la espalda. Inconcebible. ¿Cómo darle la espalda a un tipo así? ¿Cómo no creer en alguien que es la viva imagen del trabajo duro y el esfuerzo? ¿Cómo no emocionarse con alguien a la vez tan sobrehumano como para jugar con la misma intensidad durante horas y tan humano que, sí, se saca el calzoncillo de la raja antes de sacar y se preocupa porque se le cae el pelo como a todo el mundo? ¿Quién no querría ser alguien así?

Como tantos partidos anteriores, el de mañana no es el último, es uno más. Disfrutémoslo, gane quien gane.

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