Con otra cara

Miserables cobardes

28.01.2017 | 22:17

Tenía un compañero en el colegio al que la mitad de la clase le tenía miedo. Entonces no lo sabía, pero era el típico matón de manual que, con el tiempo, siempre que consigas sobrevivirle con la nariz intacta, te llega hasta a dar lástima. Zafio y bruto, bueno en nada, intentaba destacar a toda costa metiéndose con cualquiera que sacara buena nota en Historia o que leyera sin atascarse.

No recuerdo que acosara a nadie en concreto, sino que, junto a otro par de patanes de similar pelaje, se burlaba prácticamente de cualquiera más débil o vulnerable en cuanto tenía ocasión pero, eso sí, nunca a solas, y siempre delante de las chicas a las que pretendía impresionar con sus bravuconadas, el muy infeliz.

Con el tiempo le perdí la pista, pero no me sorprendería reconocerlo un día en la tele entre los hinchas de algún equipo de fútbol, entre dos policías tras haberle dado una paliza a su mujer, cubierto con un pasamontañas quemando papeleras en una manifestación de ultras o lanzando insultos en las redes sociales protegido bajo un seudónimo.

Cuando estos días leía las vergonzosas respuestas que ha recibido Miguel Bosé en las redes sociales a sus muestras de dolor por la muerte de su sobrina Bimba y me preguntaba qué tipo de energúmeno puede soltar tales salvajadas ante la muerte de una mujer de 41 años que no le ha hecho daño a nadie, me imaginaba a alguien como mi viejo compañero de clase, a un miserable gañán que busca su minuto de gloria con bravatas machistas, homófobas o xenófobas y que ni siquiera tiene la mínima valentía para hacerlo a cara descubierta.

Estos gallitos, a no ser para estamparle a su mujer el plato, solo dan la cara en grupo. En grupo se burlan de otros compañeros de clase, en grupo pegan a dos chicos homosexuales a los que se encuentran por la calle de la mano, en grupo llaman desde las gradas «hijo de puta» a Sergio Ramos o «mono de mierda» a Iñaki Williams, en grupo le dan patadas a una chica en una esquina, le prenden fuego a un mendigo en un parque o violan a una joven en los Sanfermines.

Son escoria, pero una escoria peligrosísima que se alimenta de la teórica impunidad de internet o del cobijo de la manada y ante los que hay que actuar con firmeza, por supuesto con la ley, pero también con el desprecio y el aislamiento. Sin colegas para reírle las gracias y secundarlo en sus machadas, mi antiguo compañero resultaba inofensivo. Como canta El Langui en una campaña contra el acoso escolar, solo hacen falta «valientes para hacer frente al malo».

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