Pasando la cadena

Palos al burro de Zidane

30.01.2017 | 05:00

Se decía por la huerta que los palos hay que dárselos al burro cuando se cae. Y ni con los palos ni con este supuesto burro ni con aprovechar su caída concuerdo. Me gusta más prevenir y, en su caso, analizar después los porqués.

Estrategia, que estudiábamos, y no la gilipollez de llamar así a un córner, a una falta o cualquier otra jugada ensayada, por mucho que se enseñe tal disparate en las escuelas de entrenadores. Decía un viejo profesor de planificación que la estrategia está reñida con el corto plazo, como ocurre en la estrategia militar, donde nació el sentido del término; «El arte de la guerra», de Sun Tzu.

Ahora, en el caso del Real Madrid todo son palos al burro caído. Sin embargo, el sentido común y la experiencia futbolera nos muestran que los baches son una casuística habitual a lo largo de la temporada de cualquier equipo. Entre otros temas, el problema es más profundo: en ninguna otra plantilla de los clubes europeos con aspiraciones hay tanto mediapunta por metro cuadrado. Y claro, si la manta es corta en otros puestos, como en el del medio centro o en el lateral izquierdo, y tiramos de ella para cubrirnos la cabeza, se nos ve el culo.

El asunto ha funcionado gracias al trabajo de Zidane y al entusiasmo contagiado a sus jugadores, no a ninguna flor, como se empeñan quienes le niegan el mérito. Sin embargo, él y su Madrid suspendieron este verano el examen de estrategia cuando dejaron solo a Casemiro y cedieron a Marcos Llorente sin buscar un recambio de garantías, que los hay cercanos, como reiteramos aquí.

En Vigo se vio el desaguisado en cuanto las lesiones de algún básico los dejó con las vergüenzas al aire. Y a pesar de todo pudieron pasar la eliminatoria a poco que a Cristiano no le hubieran traicionado los palos, a Ramos el remate -tuvo varias; una muy clara- o que la mala suerte no continuara siendo la compañera de juego del nuevo todocampista Danilo; ¡vaya tela! ¿Qué don Zinedine también se equivocó?, pues claro, eso pensamos algunos; jugó con cinco medias puntas cuando no eran para tanto dos goles, como se evidenció, y no se entienden las suplencias de Lucas Vázquez o Morata, ni la posición de central de Casemiro. Benzema tiene querencia a la media punta y el brasileño no tiene cintura ni oficio para jugar ahí; lo hace muy bien con los centrales por detrás -la corona del área blanca era una autopista- y el francés precisa balones templados desde las bandas cuando su equipo necesita que deprede. Mucho más cuando está en la racha de secano que los goleadores también sufren ocasionalmente. Ahora, Zidane tiene que trabajar esencialmente las cabezas de todos.

A pesar del bache que sin duda atraviesan los blancos, sigo pensando que no llega a crisis. Y auguro que ni llegará, por mucho que escribir para el lunes con algún día de antelación tenga riesgos. Sin ser adivinos, hace tiempo dijimos que el Barça ganaría la Copa y que el Madrid levantaría la Liga, con la Champions como posibilidad complicada para ambos. Y en esa línea transcurre la temporada.

Y pasando del barro llegamos a los laudes, que también merecen atención. Es el momento de felicitar a personajes que no cuentan normalmente con el halago en esta modesta columna. Don Florentino Pérez ha estado oportunísimo recordando al Sevilla con el tema de Ramos que en el Bernabéu les levantaron el sitio a los ultras; como Bertomeu y el Barça. Con un par, ¡sí señor! El culpable, si se pudiera llamar así, de que el utrerano levante trofeos en el Madrid la tiene el señorito Del Nido.

Esa frase suya de que «en su equipo nunca ganaría dinero un canterano» es para enmarcarla como ejemplo de la mayor estulticia de nuestro fútbol. En Nervión tienen una inmensa suerte llamada Monchi, que viene haciendo virguerías desde que el Sevilla buceaba por Segunda en la ruina. En otro caso, el ahora oscurecido no luciría los laureles conseguidos con su Sevilla. Es justo reconocérselos. A veces, apostar por alguien -Laporta con Guardiola- supone la gloria.

Y el otro a felicitar es Luis Enrique. Le preguntaron con guasa por la eliminación del Madrid y respondió que solo le importa su Barça. ¡Olé! Cunda el ejemplo. El extremo vergonzante son ciertos periodistas bufanderos madrileños y similares de la catalana RAC1. ¡Estos sí que son burros!

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