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Los huevos de las lentejas

01.02.2017 | 00:03

Lo último son los «huevos veganos»: para vegetarianos estrictos. Están los ovolactícos –que comen huevos, leche, yogures, quesos€–, están los estrictos o veganos, y están también los crudívoros, que sólo ingieren vegetales no sometidos a cocción, con el argumento de que así no pierden ninguna de sus propiedades. Y está el resto de la humanidad, que se intoxica con carnes de mamíferos, aves, peces, reptiles e invertebrados como los caracoles, las ostras y las chistorras. Los veganos afirman que los carnívoros están equivocados y que su dieta es insalubre y perjudicial para el medio ambiente (por la cantidad de agua necesaria para engordar un ternero de secano, por ejemplo). Pero un cierto número de ellos anhela hincar el diente a elaboraciones que parezcan salidas de un obrador de charcutería. No sólo en establecimientos especializados sino en muchos supermercados de barrio hay salchichas y hamburguesas cien por cien vegetales, sin rastro de cerdo ni de ternera, por no hablar de las muy populares botellas de leche de soja. Seguro que una bebida a base de soja es la mar de nutritiva, pero ¿es necesario que la vistan de «leche»? Seguro que la proteína vegetal es muy beneficiosa, pero ¿se la debe disfrazar de hamburguesa o de salchicha? Tal parece que sus compradores añoren las parrilladas de cuando eran pecadores, y se consuelen con esos sucedáneos. Nuestra tradición alimentaria y gastronómica hace tiempo que descubrió una forma excelente de ingerir proteína vegetal: los platos hondos de legumbres. Judías, garbanzos, lentejas o habas, por citar las más comunes; caldosas; con un sofrito de cebolla y tomate; en empedrado veraniego, aderezadas con imaginativas vinagretas, o simplemente con un chorro de aceite, recién hervidas. Y si queremos podemos viajar con la mente a otras tierras mediterráneas para gozar del hummus o del falafel. La parada de frutas y verduras del mercado y el cocedor de legumbres nos proveerán de lo necesario para disfrutar de una completa alimentación totalmente vegetal, con las recetas de toda la vida u otras nuevas, sin necesidad de recurrir a inventos extraños o sucedáneos. Pero si hay quien los necesita, es justo y necesario que la industria alimentaria se los proporcione, y por ello debe investigar sin descanso hasta descubrir la manera de hacer unas manitas de cerdo sin cerdo, un capón relleno sin capón y unos callos sin tripas, pero igual de gelatinosas y picantes, si tal cosa es posible.

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