Tierra de nadie

¡Qué difícil!

03.02.2017 | 05:00

Cuando se establece la distinción entre el «espíritu» y la «letra» de la ley, se quiere decir que a veces, aplicando un artículo en su literalidad, se vulnera su esencia. El juez por tanto no debe actuar de manera mecánica, como el que aplica una plantilla, sino como un intérprete capaz de traducir lo que la ordenanza quería decir cuando dijo esto o lo otro. En el fondo, se trata de una diferencia semejante a la que establecemos entre cuerpo y alma. Somos víctimas y beneficiarios de esta dualidad que metaforiza otras muchas de las que estamos constituidos: apariencia y realidad; esencia y existencia; forma y fondo, etc. Ahora bien, esto no significa que cada una de las frases que pronunciamos al cabo del día tenga un sentido literal y otro figurado, de forma que nos podamos acoger a uno u otro según nos convenga. Si yo digo que te voy a matar, lo más probable es que lo esté diciendo en sentido figurado. Pero si te digo que quedamos a las cinco en la puerta del cine significa que quedamos a las cinco en la puerta del cine.

Parece mentira que haya que recordar esto, pero nos obliga a ello el neolenguaje en curso, según el cual cuando uno afirma que la Generalitat tiene los datos fiscales de todos los habitantes de Cataluña, no ha querido afirmar que la Generalitat tiene los datos fiscales de todos los habitantes de Cataluña. Tal es al menos lo que aseguró el exjuez Santiago Vidal hace unos días.

-Cierto -vino a confesar- declaré que la Generalitat disponía de los datos fiscales de todos los contribuyentes catalanes, pero no había que entender la frase en su literalidad.

¿Estamos ante un caso de caradura o de confusión mental? Es difícil saberlo porque vivimos rodeados de caraduras y de confusos mentales. Pero no deberíamos acostumbrarnos a ello. Cuando uno, en campaña electoral, promete que bajará los impuestos, tendría que cortarse las venas en público si los sube (lo de cortarse las venas no hay que interpretarlo en su sentido literal, bastaría con que dimitiera, por ejemplo). En cualquier caso, lo que no puede de ningún modo es alegar que hablaba en sentido figurado. En la mayoría de las ocasiones, no hay sentido figurado que valga. Cuando son las diez de la noche, son las diez de la noche. No sé si nos vamos explicando. ¡Qué difícil es todo!

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