Tierra de nadie

La guerra

07.02.2017 | 05:00

Mucha gente habla ya en voz baja de la posibilidad de que el euro se vaya al carajo. Bastaría, quizá, con que Le Pen ganara las elecciones en Francia. Le pregunto a un amigo economista, que trabaja en un periódico, por qué apenas se escribe sobre esta posibilidad y me dice que por el consenso.

–¿Qué consenso?

–Bueno -añade-, se ha establecido un acuerdo tácito según el cual no debemos ni mencionar el asunto.

–¿Pero la posibilidad es real?

–Es muy real.

El euro salió de fábrica lleno de defectos, incluido el de un dispositivo clandestino que disimulaba sus emisiones de CO2. Lo del CO2 es un decir, por compararlo con los coches que polucionan más de lo que demuestran sus indicadores. Pero el euro fue desde el principio, según muchos expertos, un carburante lleno de impurezas. Comenzó su existencia encareciéndonos la vida y ahora amenaza con suicidarse para arruinárnosla. Mi amigo me habla de un sistema fiscal común que no se llevó a cabo y de otras cuestiones de orden técnico que finjo entender con asentimientos de cabeza.

El caso es que si el euro se vaporiza y no tenemos otra que regresar a la peseta, las consecuencias serán gravísimas, sobre todo para aquellas personas que tienen hipotecas. Por lo visto, y sin que tampoco logre entenderlo del todo, éstas se pondrían por las nubes. La deuda privada (y también la pública) crecería hasta extremos insoportables, lo que implicaría una devaluación que nos haría más pobres. Significa que sería malo para los que deben dinero y para los que tienen ahorros. Eso, de entrada, pero hay otras cuestiones todavía peores que prefiero ignorar.

En realidad, prefiere ignorarlas todo el mundo. Por eso la noticia del posible regreso a la peseta apenas sale en la radio, en la tele o en los periódicos. No es que se nos haya prohibido hablar de ello públicamente, es que el horizonte resulta tan terrorífico que nos lo prohibimos a nosotros mismos. Escribo este artículo debajo de las mantas, tiritando de frío y miedo. Ha empezado una guerra que no se llama guerra, pero que mata tanto o más.

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