Cartas al director

09.02.2017 | 23:48

Maravilloso regalo, por Clara Muñoz-Repiso Requena

Hace ya algún tiempo, tuve una experiencia tan bonita y fuera de lo corriente que he decidido contarla, pues quizás a más de una persona que lo lea le sirva de algo. Yo estaba como cada domingo por la tarde en la iglesia de Santiago, en calle Granada, dispuesta a oír misa por una promesa que había hecho meses atrás. A veces la vida te soprende, y a mí me regaló un tumor que, amoroso, se pegaba a mi ovario derecho. Me operaron y me dejaron lista, ya no tenía útero, ni trompas, ni ovarios. Lo que sí me quedó a raíz de esta intervención fue un miedo que no conseguía quitarme. El domingo del que les hablo, estaba caminando por una de las naves laterales de la iglesia a la espera de que comenzara la misa, a cuestas con mi miedo, mi tristeza y mi soledad, que me acompañaban día tras día. Pero algo ocurrió: durante un corto espacio de tiempo mi estado de ánimo cambió totalmente. Me sentía plena, con un bienestar y una paz interior enormes. Cuando esto pasó volví a sentirme triste, sola y con miedo. ¿Quién me haría a mí este maravilloso regalo? ¡Ay! Señor, Señor...

Progresismo, por Plácido Cabrera Ibáñez

Resulta fácil etiquetarse uno mismo, a veces, produce sonrojo que una misma persona diga de sí misma que es progresista. También sucede esto mismo en algunos partidos políticos que no dudan en su ideario incluir como una característica el progresismo. La Real Academia Española de la Lengua define la palabra progresista como «Dicho de una persona o de una colectividad: De ideas y actitudes avanzadas». ¿Pero qué significa una actitud avanzada?: «Adelantar, progresar o mejorar en la acción, condición o estado». Sin embargo, la palabra «progresismo» es usada con frecuencia para cualquier cosa a modo de coartada, con sentido demagógico y actitud extremista, excluyente e intolerante, mostrando su incapacidad para la aceptación del otro diferente. Resulta fácil comprobar como estos «progresistas» no dudan en apoyar y defender gobiernos comunistas donde resulta evidente la falta de libertad y de progreso. En una entrevista reciente, el filósofo catedrático y académico Azúa decía que «Como estamos empapados de pensamiento progresista –que es el más reaccionario que existe–, pensamos siempre que el futuro es mejor que el pasado. Eso no es verdad».

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