La mirada femenina

Virginia Woolf

10.02.2017 | 23:13

Las mujeres que nos sirven como fuente de inspiración nunca suelen tener vidas fáciles. Más bien al contrario, son el resultado de un sin fin de batallas en las que luchan por salir adelante y validar su talento contra viento y marea. Y aun así, el precio a pagar por esa extrema sensibilidad que las catapulta al éxito, es, a la vez, demasiado alto, y siempre termina pasándoles factura.

El suicidio de Virginia Woolf, en pleno estallido de la segunda Guerra Mundial, fue un auténtico escándalo. Su marido, Leonard Woolf, tuvo que aguantar todo tipo de insinuaciones en relación a su falta de compromiso con la vida y a su debilidad de espíritu. Sin embargo, cuando Virginia Woolf se tiró al río Ouse tenía casi sesenta años, y había colmado con creces su faceta periodística en publicaciones como The Guardian y The Times, y desarrollado una brillante labor literaria.

Propietarios de una pequeña imprenta, llamada Hogarth Press, ella y su esposo tenían beneficios de sobra como para publicar toda su obra.

Sus más famosos libros fueron: Fin de viaje (1915), La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando (1929), su ensayo Un cuarto propio (1929), o Las Olas (1931). Con cada publicación la autora se superaba en talento y ventas.

El inicio de la Gran Guerra afectó mucho a su estado de ánimo, ya delicado de por sí desde su juventud debido a dolorosas pérdidas, como la muerte de su madre a los trece años, la de su padre y tres de sus hermanos, y a los abusos de su hermano George.

Alternó sus éxitos literarios con sus crisis e intentos de suicidio, y fue internada por un episodio de crisis alucinógena del que le costó meses recuperarse, justo antes de la publicación de su primera novela, Fin de viaje. A partir de ese momento, su esposo decide llevar un control exhaustivo de sus horarios, de su dieta y medicación, y se convierte en su médico-carcelero, según palabras textuales de la propia Woolf.

Virginia Woolf fue y su marido fueron miembros del grupo de Bloomsbury, grupo intelectual influyente en el que destacaban otras celebridades como los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y los escritores Edward Morgan Forster, o Katherine Mansfield.

Luchó por el sufragio universal, y contra el fascismo emergente en aquella oscura Europa; «(€) Creo que hay motivos para esperar que Oxford Street se vea inundada de gas venenoso (€)».

Su esposo, gran confidente y amigo, no le impidió que viviera un gran amor con la escritora y poeta Vita Sackville-West, con quien mantuvo un idilio de varios años y cuya historia inspiraría una de sus más famosas novelas, Orlando.

Tras los bombardeos de Londres, se encuentra con su vivienda devastada y entra en una gran depresión. En 1941, se va a pasear dejando dos cartas sobre una mesa, una para su querida hermana Vanessa y la otra para su esposo. Virginia se llena los bolsillos de piedras y se tira al río. Nunca más volvería a casa.

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