Con otra cara

La llegada de los 'tetaurantes'

12.02.2017 | 05:00

No hay forma de avanzar. Al mismo tiempo que por fin algunas voces se alzan en contra de que haya azafatas con poca ropa en los podios deportivos escoltando a los campeones, te enteras de que la cadena de restaurantes de comida rápida norteamericana Hooters va a desembarcar en España.

No tendría nada que ver una cosa con la otra si sólo habláramos de alitas de pollo, pero el problema es que esta cadena se caracteriza por sus camareras exuberantes, todas mujeres, todas guapas, todas vestidas con shorts naranjas y ajustadas camisetas blancas y con sus pechos como principal reclamo, hasta el punto de que la cadena en Estados Unidos es conocida como breastaurant. Dado que breast significa pecho, no es raro que en España se hable de esta firma como «tetaurante», lo que me reconocerán que resulta bastante patético, además de, obviamente, machista y ofensivo.

Da fatiga tener que insistir, pero en una sociedad en la que no se reduce la violencia contra las mujeres, más bien al contrario; en la que las campañas de concienciación no acaban de servir para que los hombres no vean a las mujeres como objetos sexuales, en la que las conductas machistas se perpetúan en los jóvenes, en la que cada día nos desayunamos con un nuevo asesinato machista... no necesitamos para nada que en restaurantes destinados principalmente a un público joven sirva la hamburguesa una chica elegida por el tamaño de sus pechos como si también estuviera en el menú. La cadena va a abrir su primer restaurante este verano en Viladecans (Barcelona) y en los próximos siete años pretende abrir en 15 ciudades más de España que se uniría así a los 29 países en los que está presente, además de Estados Unidos.

Igual me pierdo los mejores nachos del mundo pero mi intención es no pisar uno de estos lugares mientras no cambien su política de personal. Puestos a ponernos finos, estos restaurantes deberían ser ilegales dado que al contratar a gente para atender a los clientes están marginando a todos los hombres y a cualquier mujer que no se parezca a Pamela Anderson en sus tiempos de vigilante de la playa, pero tampoco vamos a soñar con imposibles.

Pretender que las mujeres no acepten estos trabajos es una idiotez dada la precariedad laboral, así que la única forma de evitar la proliferación de estos «tetaurantes» es no yendo y protestar cada vez que veamos imágenes de platos de humeantes costillas con salsa barbacoa servidas necesariamente por sexis chicas de 20 años. No es fácil, pero ¿no acabamos con las «mama-chicho»?

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