Crónica política

Con esta oposición, Rajoy es el rey del mambo

12.02.2017 | 00:37

No quitemos mérito a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno repetidor y presidente del PP, primero designado por Aznar, después victorioso en el Congreso de Valencia frente a los aznaristas y ahora líder popular a la búlgara. Su sabio manejo de los tiempos (hasta la exasperación) y su capacidad de resistencia maratoniana, son virtudes innegables.

Justo es decir también que a sus méritos añade los ajenos. En su partido, Aznar ya pasó y no quiere volver; Esperanza Aguirre se salió del carril en el que aparcó mal; Rodrigo Rato anda de juicios peligrosos y los jóvenes con posibilidades, como Núñez Feijoo, optan por la prudencia porque Rajoy se perpetua.

Y enfrente, la oposición, básicamente la izquierda, exhibe su gran capacidad de división. Siempre fue así. Primero, Santiago Carrillo en el Partido Comunista, zarandeado por los militantes agentes de la Unión Soviética, dilapidó su inmenso capital político y humano emulando la desintegración del átomo. Después el PSOE, que tras la retirada de Felipe Gónzalez, y con el paréntesis de la carambola de Zapatero, no encuentra líder ni camino. Y ahora Podemos que creció como la espuma pero que fagocita sin piedad a sus fundadores: a Pablo Iglesias, de vocación caudillista indomable, le queda solo por enterrar, o por reconvertir, a Iñigo Errejón.

Las vidas de los cinco que iniciaron el exitoso viaje podemita -Iglesias, Monedero, Alegre, Bescansa y Errejón- ejercen funciones distintas a las que soñaron. Monedero ha quedado como el legionario de los trabajos sucios de Pablo y aparece solo para denigrar con lanzallamas («Iñigo fue mi mejor alumno pero es demasiado arrogante y con menos carisma que una estatua de Vadivostok»); o para amenazar a discrepantes («Cuidadito con lo que dices», le espetó a un diputado); o para acusar a Rivera de drogadicto, por lo que iba a ser condenado en un juzgado pero el líder de Ciudadanos se lo ha perdonado. De Alegre dice Pablo que «me gustaría que se hablara de él como el filosofo mejor de España, que lo es, en vez de por insultar a sus compañeros». Carolina Bescansa, que ejerce de madre en la vida real, en el escaño y tal vez en el partido, quiso reconvenir sin éxito a los dos chicos que peleaban en el barro digital con frases dañinas y ha acabado ella fuera de la dirección.

Enfrente, el Vía Crucis del PSOE. Nadie sabe como logrará Susana Díaz vencer en las primarias a las pasiones militantes que suscita Pedro Sánchez, ni se puede adivinar si el minoritario Patxi López le quita votos a ella o a al otro. Pocos serán, en cualquier caso, a la vista de la exigua asistencia a sus mítines precongresuales. Visto lo visto, Susana, que seguramente no se proclamará candidata a secretaria general hasta que pase el 28 de Febrero, con celebraciones en Andalucía para separar adecuadamente lo institucional de lo partidario, puede ganar como «la menos mala de las candidaturas», en definición de un influyente militante andaluz. De Pedro Sánchez hasta ahora solo se recuerda el «No es no» como su más brillante aportación a la ciencia política contemporánea.

Entre los grandes nombres, en estas batallas políticas en el PSOE, en Podemos o el PP, siempre se cuela un espontáneo, un oportunista, o un visionario. De esta crisis del PSOE quedará la figura del alcalde de Jun, acaso el principal valedor de Sánchez por su manejo de las redes sociales; en el PP da la vara un militante de Cuenca que azota a la Cospedal porque no quiere que acumule el cargo de ministra y de secretaria general; lo hace con tal ahínco que se sospecha que es un mero peón del dirigente que aspira a ese puesto; a menos que la fustigue por ser mujer, ya que no abrió la boca, ni él ni nadie, cuando Álvarez Cascos o Arenas compaginaban la condición de vicepresidente del Gobierno y de «general secretario» en el partido. Y para visionario, Zapatero que entró en un Congreso como cuarto candidato casi desconocido y salió en hombros.

Lo grave es que, entretanto, se ignora a tres ciudadanos honrados que rechazaron corromperse y denunciaron la trama Gürtel, el caso Acuamed o irregularidades en el Ejército. En otro país se les haría un homenaje como patriotas. Lo merecen porque se metieron en un infierno. Aquí solo pueden aspirar a algún recuerdo en prensa. Por eso, todo nuestra reconocimiento a Ana Garrido, Azahara Peralta y Luis Gonzalez Segura. Ni en los congresos de partido, ni en el Congreso de los Diputados, nadie se referirá a ellos. Apuesten.

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