Cartas al director

13.02.2017 | 22:28

Pancarta contra política, por Francisco Javier España Moscoso

Por más que he deseado permanecer estanco al debate de Podemos no he podido. Eso sí, en el rifirrafe se le han ido cayendo las caretas a unos y otros, de tal forma que el conflicto queda resumido en una frase: «pancarta contra política». Pancarta, porque Pablo Iglesias sigue creyendo que la solución a todos los problemas del país viene de la mano del frentismo y, cómo no, de mantener a la sociedad en vilo en actitud de constante reivindicación. Y política, porque he querido apreciar en las propuestas de Íñigo Errejón una clara actitud por explorar consensos con otro partidos para llegar a establecer mayorías de gobierno. En fin, que la izquierda sigue manteniendo los mismos males ideológicos que la fragmentaron a finales del siglo pasado y puestos a buscar soluciones, me quedo con la postura de Errejón.

A la búlgara, por Martín Sagrera

Con más del 95 por ciento, a la búlgara, Rajoy ha sido reelegido como presidente del PP. Un PP que afirma que la corrupción es un mero «eco del pasado» cuando acaba de rechazar que no se pueden acumular cargos, confirmando esa oficial y descarada corrupción política y desprecio de la dedicación a los asuntos de los ciudadanos que desemboca lógicamente en la corrupción económica. Es injusto que a esa práctica unanimidad en seguir con el mismo jefe se le pueda aplicar el «donde todos piensan lo mismo nadie piensa demasiado». Por el contrario, todos esos dirigentes piensan demasiado en su propio interés, confirmando el que la derecha es la organización política del egoísmo colectivo, donde los de arriba son cada vez más ricos y los pobres cada día más pobres, como confirman las mismas cifras económicas oficiales.


Transversalidad, por Ángel Alonso Pachón

«Vistalegre 2» ha servido a Pablo Iglesias para llenarse la boca con un concepto, «la transversalidad», utilizado en la mayoría de los casos como sistema o estrategia electoralista consistente en difuminar la ideología con el único objeto de ganarse el voto mediano, simplista y necesitado. La transversalidad lanza a la hoguera los conceptos clásicos de izquierda-derecha, posicionándose en un púlpito de ofertas al gusto del consumidor. La transversalidad, concepto, seguramente, desconocido por la mayoría de los militantes de Podemos, es la herramienta comúnmente utilizada por los partidos «escoba», que consiguen los votos a base de posiciones ambiguas y engañosas para las bases de distintos espectros políticos. La transversalidad es el famoso «cajón de sastre» donde meter todo aquello que no está bien definido y donde guardar todo tipo de ideas de forma desordenada y confusa. La transversalidad, la palabra más empleada por Pablo Iglesias en «Vistalegre 2», es, con toda seguridad, la palabra menos comprendida y más engañosa políticamente de todo el discurso de Podemos. La realidad tiene muchas caras, sí, pero todas son claras y precisas. La economía, la definen los catalanes, los andaluces, los gallegos y el resto de los hispanos: «la pela es la pela» y no entiende de transversalidades.

San Valentín, del amor al capital, por Cristina Castro

A pesar del ruido de fondo provocado por las más que comunes revueltas en la política española, esta semana celebraremos San Valentín, fiesta que ya lleva tiempo siendo anunciada por las grandes superficies comerciales. San Valentín fue en su origen una fiesta cristiana, inventada para solapar así las Lupercales romanas, festejos sexuales en los que se celebraba la flagelación y el sexo. Sin embargo, el San Valentín cristiano fue prestamente sustituido por la versión consumista que ahora conocemos. Una tradición transformada en la obligación social de demostrar tu amor hacia tu pareja, no con palabras o con gestos bonitos, sino con dinero, regalos y cenas costosas, ¡Y pobre del que no lo haga! San Valentín es el perfecto reflejo de una sociedad postmoderna que, decepcionada por sus líderes y dioses, ha decidido honrar y venerar al dinero. Y lo curioso es que al final del día los mejores regalos son siempre los que jamás podrán ser comprados por ninguna divisa, tu amor, tu tiempo y dedicación, que son curiosamente los menos regalados en San Valentín.

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