Columna abierta

España, vieja dama indigna

No es el único, pero España parece a veces el país más corrompido de Europa

16.02.2017 | 05:00

Los primeros fallos y encarcelamientos incondicionales por la trama Gürtel en Valencia denotan, antes de que las sentencias sean firmes, el rigor ejemplarizante del Tribunal Superior de Justicia de esta comunidad y sientan un precedente de jurisprudencia que el homólogo madrileño no pasará por alto. Los imputados que ya han probado banquillo son muchos más y suman presuntos corrompidos a los probados corruptores. Paralelamente, la prohibición de la gracia de indulto a implicados en tales delitos, que van a debatir los grupos parlamentarios, cerrará salidas de favor político a estos y a los próximos sentenciados. En su reciente congreso, el PP ha pedido perdón por un pasado turbio que considera concluido, sin que lo ratifiquen novedades como la investigación al presidente de la autonomía murciana.

Será muy difícil pasar página. La escandalosa salida a bolsa de Bankia, que tantas pesadumbres inflige a cientos de ciudadanos de buena fe, además del monumental bocado a las cuentas estatales, apunta ahora contra el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Rodrigo Rato, Blesa y las tarjetas black ya penden de resoluciones fiscales y judiciales, pero las sospechas en torno al regulador bancario y la autoridad bolsística llevan el conflicto a su cénit. Tres altos cargos del primero han dimitido y el exgobernador Fernández Ordóñez se defiende adjudicando a Luis de Guindos la negativa (en 2014) de una comisión parlamentaria para analizar la salida a bolsa de Bankia.

No es el único, pero España parece a veces el país más corrompido de Europa. Esta apariencia, unida a la ineficacia que bloquea la llegada del crecimiento a las capas sociales más agredidas por la crisis, explica el caos político y la desconfianza. El perdón pedido por Cospedal no pasa de atrezzo congresual, lágrimas de cocodrilo para hacer creíble una elección a la búlgara –sin precedentes en democracia– así como una unidad petrificada que huele a blindaje frente a lo que está o saldrá a la vista (con la amenaza, además, de romper la baraja y convocar elecciones). Sin duda es grave lo que falta destapar, incluyendo la corrupción andaluza que Susana Díaz deberá procesar si se alza con la dirección del PSOE. Hay que depurar sin excepciones, hasta el último foco de indignidad.

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