Inventario de perplejidades

Sobre gaviotas y charranes

Cuando a Manuel Fraga le entregaron la propuesta quiso ver en ella a una de las gaviotas que anidaban en las costas de Galicia y ya no hubo más que decir

15.02.2017 | 21:32

El 18º Congreso del PP pasará a la historia como aquel en el que el partido fundado por Manuel Fraga aceptó por fin la legalidad del matrimonio homosexual y aplazó el debate sobre la gestación subrogada («vientres de alquiler»). Dos asuntos que, junto con el aborto, propiciaron en el pasado reciente una agria batalla política y judicial contra la moral sexual del zapaterismo. El cambio de orientación había sido propuesto entre otros por Javier Maroto, uno de los vicesecretarios del partido, y por Núñez Feijóo y Cristina Cifuentes, presidentes autonómicos de Galicia y de Madrid. Y todo ello dentro de esa línea de lento reformismo que la derecha conservadora española lleva practicando desde hace 43 años cuando Arias Navarro (con Franco todavía vivo) pronunció aquel famoso discurso sobre el «espíritu del 12 de febrero» en el que prometía cambios políticos «sin prisa pero sin pausa». Más o menos lo que dijo Rajoy desde el arengario del 18º Congreso: «Somos reformistas siempre, pero a nuestro ritmo». Una declaración de principios que culminó con esta otra frase marca de la casa: «Es de cajón, las cosas primero se piensan y luego se deciden, o no, que no decidir es una forma de decidir también». Pero al margen de esas frases de deliberada ambigüedad y de otras más rebuscadas como la invocación a una «ética de la prudencia y a la aventura de la serenidad», el 18º Congreso pasará a la Historia por la sustitución del charrán por la gaviota en el logo del partido. Una modificación que ha de figurar en los estatutos y que supone un cambio que va más allá de lo artístico para entrar en el territorio de lo simbólico. Según don Fernando Martínez Vidal, el hombre que lo diseñó hace ya 28 años, él quiso dibujar originalmente un charrán, pero cuando a Fraga le entregaron la propuesta quiso ver en ella a una de las gaviotas que anidaban en las costas de Galicia y ya no hubo más que decir. «Era un hombre de mucho carácter –recuerda Martínez Vidal–, ¡como para llevarle la contraria!». Y así estuvo la gaviota volando sobre las siglas del PP durante todo este tiempo hasta que maliciosos intérpretes de símbolos empezaron a ver en ella una inequívoca alusión a los continuos escándalos de corrupción que acosaban al partido. Pese a su aspecto pulcro y aseado, la gaviota es un pájaro que ha ido cambiando –por necesidad– su inicial dieta de pescado fresco por otra de carroña que encuentra en los basureros de las grandes ciudades. Es una transformación brutal que va en paralelo con el comportamiento de aquellos políticos que se nutrían del cada vez más escaso idealismo hasta que, ya en el poder, empezaron a picotear corruptelas y comisiones. Eso sí, sin manchar el traje ni perder la compostura. Para corregir esa mala imagen nos dicen ahora que la gaviota era un charrán, un pájaro muy parecido. Por cierto que, en castellano, charrán equivale a «una persona sin honradez ni escrúpulos». Como suele decirse, para ese viaje no se necesitaban alforjas.

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