Mal de ojos

Las reinas y el Moreno

19.02.2017 | 01:38
José Luis Moreno dirige y produce la serie Reinas en Televisión Española.

Le han soplado dos millones de euros por capítulo al menda lerenda que todavía debe a Hacienda cerca de cuatro, dato que en sí mismo, según las leyes o lo que quiera que sea en RTVE, imposibilita a cualquiera para trabajar con la cadena pública, salvo que seas José Luis Moreno, te pases las normas y las críticas por el sobaco, y den por válidas ideas que no pasarían el tranco de la calle en otras cadenas que no son La 1. No sé si ha visto una serie llamada Reinas. No se apure. No es la única persona que no la ha visto. Es más, apenas la ve un millón de criaturas. No va de reinas del espectáculo y el cabaret o de reinonas de tacón alto, mucho rímel, y paquetazo, no, va de reinas de verdad. Pero serie, historia, reinas, tele pública, y José Luis Moreno es un sindiós. ¿Prejuicios? Los habidos y por haber en el orbe. A los 23 minutos exactos la reina Isabel I de Inglaterra ya se revolcaba en el pajar con el corpiño abierto de par en par, el miriñaque hasta la cintura, la tiara encasquetada, y el pandero bien atacado por Robert, su consejero, quien, como hombre que es, «sólo servís para copular, y no todos con el mismo acierto». Antes de que terminara el capítulo María Estuardo se lo daba todo a Rizzio, su amante confidente, aunque la de Inglaterra ya había probado las embestidas de Robert por detrás, momento cumbre que el guionista aprovecha para hacerle ver que las manchas de la espalda son viruela. Es verdad que los primeros minutos de Reinas, incluso con todos los prejuicios por ser vos quien sois, querido Rockefeller, te sorprenden por el abrumador derroche de suntuoso vestuario, de localizaciones reales, de peinados como edificios jaspeados con ricas baratijas a modo de pedruscos cegadores, pero en cuanto te acostumbras y entras en detalles el castillo de naipes es eso, un castillo de fuegos fatuos y oropeles cegadores cuya huera exhibición no lleva a ningún sitio.

Más puta que Rita

Hay frases que sólo una cabeza que entiende el entretenimiento como una cinta sin fin de Noche de fiesta o como una escena de cama entre Pepa y Avelino puede parir. Y las pare en Reinas. Cito unas cuantas, sin duda brillantes. Si negociaras igual que fornicas, le dice a Robert Dudley Isabel de Inglaterra, en el contexto de la permanente rivalidad entre ella y su prima, la reina María Estuardo de Escocia, yo dominaría el mundo, una frase pomposa, de culebrón, muy del Moreno. Otra. Los hombres usan la espada como el símbolo de su pene, largo, afilado e hiriente, y la mayoría de las veces, inútil. Genial. Y otra, también al consejero, que no acaba de envainarla cuando ya ha de sacársela de nuevo. Desnúdate, le dice justo cuando se entera de que su prima María Estuardo de Escocia conspira dejándose engatusar por el amor interesado de Carlos, el hijo sádico y cruel y enfermizo de Felipe II, que también forma parte de la trama. Desnúdate, pienso mejor después de desahogarme. Por si faltara algo hay hasta polvos gay en la corte de Escocia. David Rizzio, el consejero de María, el guapo Carlos Camino, se lo monta con Lord Darnley, futuro marido de la reina, Harry Harvis. En Reinas, el que no corre, se corre, perdonen la vulgaridad. Si te pones memorioso y tiras de obras del autor, don José Luis Moreno, te sale un referente sin darle muchas vueltas a la chola, Escenas de matrimonio. Quedémonos con él. Lo es todo en Reinas. Menos llevar la corona, lo demás es obra suya, o sea, la dirección, la producción, el guión. ¿El guión? La gente que sabe de esto y se fija en esas cosas lo ha destacado. ¿Quién ha escrito el guión? Nadie. Siendo cosa tan principal, en los créditos no aparece la figura del guionista. Qué más da, si se va a hacer lo que diga el Moreno, que ya en el primer capítulo, y como no era plan de sacar a los chulazos en calzoncillos, sacó un baile con negros medio en cueros que quítame de ahí La alfombra roja palace, otro churro de nuestro autor vendido a la tele pública, más puta que Rita, que se lo traga todo.

Coronadas y destronadas

En este ambiente de viva el lujo y quien lo trujo, y por si faltara algo, Reinas –más de dos millones de euros por capítulo, no lo olvidemos– no se grabó en español sino en inglés, así que lo que escuchamos es un doblaje ortopédico, rarito. No es de extrañar, por tanto, que al saltar la liebre de lo que gana el presidente de RTVE, José Antonio Sánchez, se entiendan los millones por capítulo de José Luis, toma, Moreno, nada menos que un 30% más que en 2015, o sea, 200.000 euros, y sin puertas giratorias ni puñetas, a lo bestia, como la entrada en Red Eléctrica del repeinado, y bien colocado Arsenio Fernández de Mesa, ex director de la Guardia Civil, que por una reunión semanal se embolsa unos 150.000 papeles. Así lo ha querido su amiguito Mariano Rajoy, que dio el visto bueno al nombramiento sin que le temblara la vergüenza. Él puede. Para eso es la reina madre del PP, aclamado como el líder supremo, como la estrella Orión, como la proa de esa nave carcomida por el cinismo y la corrupción como forma de vida, pero sabiéndose impune porque el votante, haga lo que haga esa factoría, sigue apoyándola con su voto. Si en las Reinas de José Luis Moreno –la de Inglaterra es Rebecca Scott, la de Escocia Olivia Chenery, ambas perfectas desconocidas– sabemos quién gana porque la historia, aunque la maneje el ventrílocuo, fue lo que fue, en Podemos, también. Si la corona no era para la reina de la coleta, el mundo se hundiría en un cataclismo de proporciones bíblicas, así que Pablo Iglesias el mesías se alzó sobre la multitud, con su mentón adelantado, sus manos haciendo palmas, y sus labios y su ceño apretados con ese rigor de los que se saben elegidos por el universo, con una frase de las más graciosas de los últimos tiempos, unidad y humildad. La repito, unidad y humildad, decía a los fieles, mientras alzaba chorreante la cabeza de la reinita Íñigo Errejón. Por cierto, las reinas del Moreno se follan todo lo follable, pero la serie se llama Reinas. Virgen y mártir. Este tío es un crack. Lo digo en serio.

La guinda

Otro en bolas
Literal. Fernando Tejero, el de «un poquito de por favor», el mala hostia del Masterchef de los famosos, el de La que se avecina, y el hombre que salió del armario y no sólo se quitó algunos complejos de encima sino que le dio por el gimnasio, ha entrado en la lista de los que para celebrar cualquier chorrada se hacen una foto en cueros y la cuelgan en internet. El expescadero ha enseñado el culo por San Valentín. Así va la cosa.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Opinión

ROBERTO LÓPEZ

Pongamos un Chiquito en nuestra vida

Si cuando andabas, bailabas, y parecía que tropezabas, Chiquito, y en...

 
 

LOLA CLAVERO

Por el honor de una mujer

Ser mujer se ha vuelto a poner difícil en estos tiempos, pero la dificultad nos estimula....

 
 

Diccionarios

Elector: el que goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros

 
 

JUAN GAITÁN

Agua de otoño

Se acerca el invierno y seguimos anticiclónicos y secos. El otoño se nos acaba, pero antes de...

 
 

JUANA FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ*

Consumir o morir

En nuestra sociedad, los residuos crecen y crecen a pasos agigantados. Al mismo tiempo, se...

 
 

PEDRO DE SILVA

Respirar

Hay artículos de lujo y artículos de primera necesidad. Parece fácil distinguirlos, pero no lo...

 
 
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine