Tierra de nadie

A ver qué hacen

20.02.2017 | 05:00

La revista Play Boy, que había renunciado a los desnudos, vuelve a ellos. Creyeron que los cuerpos ya no vendían y resulta que sí, que el cuerpo vende, entre otras cosas porque el espíritu no se puede fotografiar. Lo que debe intentar la revista en esta nueva época es que el desnudo devenga en metáfora del espíritu. Ya advertimos que no resulta fácil. Los desfiles de moda funcionan porque tienen alma. Te pasas media hora sentado frente a la pasarela y al cabo te levantas con la impresión de que has asistido a un desfile de fantasmas, y no solo por la delgadez de las modelos, sino por la extraña sintaxis que el modisto establece entre sus cuerpos y su ropa. Un año me enviaron a cubrir la Semana de la Moda de París y, aunque no tenía experiencia, comprendí de qué iba la cosa. Y la cosa iba del espíritu. Fue como hacer una semana de ejercicios espirituales.

Del mismo modo que hay gente que, aun vestida, parece desnuda, hay personas que, aun desnudas, parecen vestidas. Play Boy debería reflexionar sobre estas cuestiones fronterizas. Lo que estaba agotado, en fin, no era el desnudo, sino el desnudo sin alma (también ha perdido interés el vestido sin sustancia). No es lo mismo fotografiar el cuerpo como esencia que como existencia. La mayoría de las fotografías de desnudos son de carácter existencial. En otras palabras, identifican al modelo o a la modelo con su cuerpo. Los buenos fotógrafos consiguen que el cuerpo sea una mera posesión, un accidente. Lo interesante es lo que ocurre detrás del accidente.

Todo esto suena un poco metafísico, somos conscientes. Pero a la gente le gusta la metafísica, porque de física estamos hasta las narices. Y en esta época, debido a los catarros, más. Con la escritura ocurre algo parecido a lo que sucede con la fotografía. Lo que busca el lector no es la frase, sino lo que se oculta detrás de ella. La escritura literaria, lo hemos dicho infinidad de veces, sirve para fingir que cuentas una cosa cuando en realidad estás hablando de otra. La que interesa, es la otra. Una escritura visible que no contenga otra invisible es como la fotografía de un cuerpo visible que no contenga otro invisible. A ver cómo resuelven el dilema los de Play Boy.

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