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¿Cuánto se parecen Trump y Putin?

25.02.2017 | 05:00

El viernes 17, cuando todavía no llevaba un mes en el cargo pero ya había tenido que cesar a Michael Flynn, su consejero de Seguridad Nacional, por relaciones ocultas con la embajada rusa, el presidente Trump atacó a la prensa y a las cadenas de televisión. En un tuit afirmó: «los medios de comunicación son el enemigo del pueblo americano».

Cada día hay más inquietud por la deriva del presidente que ya se ha enfrentado a las agencias de inteligencia (ha comparado a la CIA con el nazismo), a la prensa, y a los tribunales que anularon la prohibición de entrada a los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.

Respecto a la relación con Putin, la periodista Susan B. Glasser, que fue corresponsal en Moscú cuando hace 17 años Putin llegó al poder, ha escrito un impresionante artículo titulado «Nuestro Putin». Dice: «no se preocupen demasiado de si Trump y el líder ruso trabajan juntos, preocúpense por lo que tienen en común». Y explica que los discursos de Putin en el 2001 podrían llevar el título «Hagamos a Rusia grande otra vez», que se parece mucho al «Hagamos a América grande otra vez» con el que Trump ganó las elecciones. Y constata similitudes en los ataques e insultos a la prensa, el designio de controlar a los poderes rivales –ya sean grandes empresas o autoridades judiciales– y las advertencias de que Rusia estaba amenazada por el terrorismo islámico (Chechenia) y que tenía que declarar la guerra a este extremismo, con la ideología del choque de las civilizaciones de Trump.

Para Glasser, en base a la idea de recuperar a Rusia de la «gran catástrofe» del fin de la URSS, una gran humillación para el pueblo ruso, el objetivo de Putin era desde el principio concentrar todo el poder en el Kremlin. Diecisiete años después está claro que lo ha conseguido.

Por su parte Gideon Rachman, el comentarista internacional del Financial Times, escribe que el presidente ruso cimenta su poder autoritario en una mezcla de nacionalismo, populismo, corrupción, control de los medios de comunicación y alianza estrecha con la nueva oligarquía rica. Y ve lógico que las más articuladas advertencias contra el «trumpismo» hayan venido de disidentes rusos como Garry Kasparov.

Y Rachman no se queda aquí pues cree que la caída del comunismo en 1989 provocó una «ola democrática» que ahora está siendo sustituida por una «ola autoritaria». Rachman cita los casos de Hungría y Polonia en la Europa del Este o de Turquía€ Y advierte de la amenaza populista en Europa y Estados Unidos. Encuentra preocupante que más del 70% de los americanos nacidos en los años treinta piensen que es «esencial» vivir en democracia y que esta creencia la compartan solo el 30% de los nacidos en los ochenta.

Putin se ha podido imponer en Rusia, donde la tradición liberal, desde los zares al comunismo, era prácticamente inexistente. Una evolución similar en Estados Unidos, donde el poder está fraccionado, es casi impensable. Pero alguien advierte: «No habrá punto medio en Washington, o quienes se oponen a Trump lo derriban, o él destruirá el sistema. Apuesto por lo primero, pero no me jugaría la vida».

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