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El rap de los cuatro años de cárcel

26.02.2017 | 16:32

Madonna se dirige a los cientos de miles de mujeres congregadas el 21 de enero en Washington, para protestar contra la inauguración un día antes de Donald Trump. La cantante ruge ante la multitud que «he pensado un montón en volar la Casa Blanca». Ninguna de las congregadas se tomó literalmente la «metáfora», así definida por la artista. Y sobre todo, ninguna institución abrió una investigación judicial, ante una propuesta archivada en la primera enmienda pese a ser difundida en millones de páginas web.

Los versos estéticamente mejorables del rapero mallorquín Valtonyc, nombre artístico de Miquel Arenas, habían alcanzado una difusión de cinco mil copias en redes sociales cuando fue juzgado por la Audiencia Nacional. Ha sido condenado a tres años y seis meses de cárcel por enaltecimiento del terrorismo -dos años-, injurias y calumnias al Rey -un año- y amenazas a un ciudadano -seis meses-. Comparar el impacto del cantante, condenado en la estela de su colega Def Con Dos, con Madonna es un chiste. La Ciccone amenazaba en un mitin el núcleo del poder del planeta. La Casa Blanca fue además objetivo de Al Qaeda el 11S, con el consiguiente agravio para los miles de fallecidos ese día. Ni un rasguño judicial.

La novela Patria, de Fernando Aramburu, es una obra maestra porque retrata a la perfección los bandos enfrentados en el conflicto vasco. Sería fácil seleccionar medio centenar de páginas de la obra pletóricas de «expresiones en apoyo y alabanza de ETA» que «difunden un mensaje» favorable al terrorismo, por citar argumentos utilizados contra el rapero que oportunamente seleccionados impugnarían incluso una película sobre el atentado contra Carrero Blanco. De momento, la novela está a salvo de la Audiencia Nacional. Sin embargo, al condenar a Valtonyc a cuatro años de cárcel se estipula que sus letras «no pueden considerarse amparadas por lo que el acusado considera ´creación artística». ¿Y el extraordinario libro de Aramburu?

En el tribunal juzgador figuran los famosos Enrique López y Concepción Espejel. Ambos son descartados con prolijidad en causas que afecten al PP. Esta circunstancia crea una situación de desventaja para otros encausados, que tienen una mayor probabilidad de ser sentenciados por ambos. La magistrada homenajeada por Dolores de Cospedal ha condenado a un rapero que dedica un verso a la actual ministra de Defensa, reproducido en la sentencia.

ETA dejó de actuar hace años, y ojalá que sea para siempre. Cuando Valtonyc solicita el regreso de la organización terrorista, cabría aplicar el escepticismo de Shakespeare en sus brujas de Macbeth. «Cualquiera puede invocar a los espíritus. La cuestión es, ¿te responden?» Si no atendieron a Madonna, difícilmente repararán en un rapero de provincias. La desaparición de ETA genera cierta incomodidad al tribunal, pero pronto se resarce al condenar «una evocación nostálgica de las acciones violentas de un grupo terrorista». El problema de la nostalgia es su bidireccionalidad. No se actúa contra los evocadores del franquismo. No es delito proclamar que «Franco todo lo hizo bien desde 1936 hasta 1975, y ya es hora de que vuelva», pese al recuento de asesinatos de historiadores como Paul Preston. Y si la exclusión es porque se trataba de un Gobierno legítimo, entonces hay que llevar a la cárcel a quienes se atreven a cuestionarlo con ferocidad.

Así ha obrado la Audiencia Nacional con las injurias y calumnias contra el Rey. El tribunal reproduce el verso»haremos que Urdangarin curre en un Burger King», sin aclarar si le atribuye tentaciones injuriosas a la Corona. Entresaca en cambio la calificación de «analfabeta» para la Infanta Elena, como una autopista hacia la cárcel. La ponente prohíbe «cuestionar la vida privada del monarca», olvidando quizás que Juan Carlos de Borbón pidió perdón ante las cámaras por los excesos de su vida privada. «Me he equivocado y no volverá a ocurrir».

Cuesta discernir si es más sonrojante escribir o condenar un verso en que aparece la construcción «al Rey le hacen hacer la cama y fregar los platos». La izquierda mojigata deberá reflexionar sobre la apropiación por parte de la derecha del concepto progresista y contrario a la libertad de expresión de «discurso del odio». En la sentencia contra el rapero, se aplica este esoterismo a su frase «hace más ruido un solo hombre rugiendo que todo un ejército pasivo callando y sirviendo», lo cual obligará a encarcelar a los lectores de Nietzsche y a los partidarios de El Zorro. Según esta sentencia, un rapero deslenguado es más peligroso para la sociedad que un conductor borracho.

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