En canal

Viva la calderilla

27.02.2017 | 05:00

Es tan difícil meter la mano en La boca de la verdad sin pensar en Audrey Hepburn y Gregory Peck en Vacaciones en Roma como sentar el culo en la Fontana di Trevi sin que la cabeza se vaya al baño de Anita Ekberg en La dolce vita. Lo mismo ocurre en tantos lugares de París, Nueva York, Moscú, Tokio o El Cairo que son lo que son por lo que son y, también, por lo que el cine ha hecho que sean. Por eso los esfuerzos del documental Antiguas megaestructuras: Petra (National Geographic) para explicarnos cómo los nabateos construyeron el precioso Tesoro de Petra (Al Khazneh) chocan con las imágenes de Indiana Jones y la última cruzada en las que Indiana y sus compañeros llegan a Petra en busca del Santo Grial. De acuerdo, los ingenieros nos ofrecen apasionantes detalles del genio constructor de los nabateos y de las sorprendentes soluciones a los problemas de suministro de agua o peligro de inundaciones. Bien. Pero es que es imposible quitarse de la cabeza el sombrero de Indiana Jones y la llegada a Petra de nuestro arqueólogo favorito montado en su caballo. ¿Está mal que el cine nos distraiga de la arqueología? No lo creo. La colosal estatua de Heracles obra de Lisipo, en la acrópolis de Tarento, sobrevivió a mil y un amenazas hasta principios del siglo XII, cuando los cruzados francos la fundieron para acuñar moneda y pagar a las tropas. El historiador bizantino Nicetas Choniates lamentó esta desgracia arqueológica y escribió que los bárbaros cruzados destruyeron la obra del divino Lisipo para hacer calderilla.

Nuevo ejército

Muchos ven hoy al cine como un nuevo ejército cruzado que destruye todos los lugares que toca como, por ejemplo, el Tesoro de Petra para acuñar moneda con la que seguir sosteniendo el negocio, pero Túnez no perdió ningún tesoro por dejar que George Lucas rodara allí algunas secuencias de La guerra de las galaxias y me parece que Gerona no ha perdido ni un gramo de belleza por permitir que los bárbaros de HBO rodaran en sus calles unas cuantas escenas para Juego de tronos.

Indiana Jones no convierte a Petra en calderilla y los canales de Venecia no pierden nada, sino más bien lo contrario, cuando se convierten en decorado de una película de James Bond. Que hablen los ingenieros. Que nos expliquen los secretos de Petra. Que nos enseñen las tuberías delicadamente inclinadas y el sistema de distribución de agua. Pero que no nos quiten a Indiana Jones. Así que viva la calderilla cinéfila.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Opinión

Trabajo en grupo

El informe PISA ha descubierto nuestro anarquismo e individualismo. Dice que no sabemos...

 
 

El Cazador Othello

Pablo Laso pidió su salida del equipo este verano ante la incredulidad de muchos dirigentes...

 
 

ENRIQUE BENÍTEZ

Una mujer para la historia

Concepción Loring Heredia fue la primera mujer que intervino en el Congreso

 
 

F. J. CRISTÓFOL

La luz de la Navidad

Aquellos años en los que nos quejábamos del dispendio económico que suponía la espectacular...

 
 

Apuñalamiento en misa

Estaban en misa. Cabe preguntarse si todos los presos van a misa en Soto del Real por fe o...

 
 

PEDRO DE SILVA

Pesimismo relativo

Al ser la democracia la patria del relativismo, las verdades absolutas son incompatibles con...

 
 
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine