Desde la distancia

Plomo en las alas del escarabajo

17.05.2017 | 20:40

La economista romana Mariana Mazzucato, autora del libro El Estado emprendedor, es una voz singular en la dialéctica entre lo público y lo privado: «Es absurdo el prejuicio liberal contra la iniciativa pública: sin inversión pública no habría internet ni cohetes ni aviones a reacción... También es absurdo el prejuicio izquierdista contra la iniciativa privada y la búsqueda de beneficio». Mazzucato parece hacer equilibrismo donde otros sacan las espadas ideológicas: «Hemos de lograr que público y privado cooperen y sean eficaces».

Y no suena a ´buenismo´ o ingenuidad, porque la profesora lanza mandobles a uno y otro lado: dice que lo público se degrada cuando se vuelve partidista (cuando los partidos actúan como si fueran propietarios del Estado) y que las corruptelas vienen cuando lo privado depende de las subvenciones.

Las reflexiones que Mazzucato hizo en una entrevista días atrás remiten a la calidad del Estado y pasan por alto la cantidad. Sugieren que la cuestión medular no es el tamaño, sino la gestión: que el sistema alcance sus objetivos (ser eficaz) con una óptima utilización de los recursos (ser eficiente).

A menudo lo más visible es el choque entre las posiciones de quienes (ultraliberales) tienen al Estado por un mero extractor de rentas y quieren jibarizarlo, y las de aquellos otros (digamos neobolivarianos) que ven el cielo en una Administración expansiva y que ejerza el monopolio de las actividades estratégicas. No entusiasma ninguna de las dos variantes.

Como ejercicio se recomienda aquí mirar hacia el Norte.¿Es posible ser competitivo con un sector público grande y con impuestos altos? Pruebas hay de que sí en los países nórdicos, aunque nos separan de ellos cosas muy importantes y no únicamente referidas al nivel de riqueza. Escribe el economista Luis Buendía en un texto reciente que los suecos, por ejemplo, tienen en abundancia ´capital social´: «Espíritu cívico, confianza en el resto de habitantes y capacidad para llegar a acuerdos». Y reglas e instituciones que ha convertido la suya en una de las burocracias menos corruptas y más eficientes del mundo. De modo que allí, como dijo un primer ministro en 2000, es viable tener un sector público-escarabajo: «Con su cuerpo exageradamente pesado y sus diminutas alas, en teoría debería ser incapaz de volar, pero lo hace».

El escarabajo español es más pequeño, pero con cada nuevo caso de corrupción que aflora comprobamos que sus alas están cargadas de plomo.

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