Tribuna

The Scientist

16.05.2017 | 20:43

Uno de mis grupos de rock alternativo favorito siempre ha sido Coldplay, que en castellano se podría traducir como «Juego frío», pero que también hace alusión a la manera perfeccionista y un tanto fría en la que esta banda británica estructura sus canciones, con textos un tanto filosóficos. Hay aficionados que los tachan como un grupo pijo porque son elegantes; otros dicen que sus textos inducen al suicidio. Son unos genios. Su cantante Chris Martin es un tío cultivado, que estudió en el University College de Londres, donde se graduó en Ciencias del Mundo Antiguo con matrícula de honor en latín y griego, y donde también conoció al resto de los miembros de esta banda. Una de sus canciones más exitosas y redondas es The Scientist (El científico), en la que con su voz de barítono y con falsetes imposibles utiliza la técnica de ´flashback´, o narrativa inversa, y cuenta una historia de amor con final trágico hacia atrás, lo que los futboleros suelen llamar la moviola. ¿Se acuerdan? ¿Cuántas horas hemos desperdiciado discutiendo si fue fuera de juego o no? Pero Martin, que no es tonto, porque tiene formación clásica (es decir, lo tiene todo), sabe que no es posible construir una máquina del tiempo, es un problema mal planteado en ambos sentidos. ¿Por qué digo eso? No es un tema de opinión, son las propias ecuaciones físico-matemáticas que lo impiden. Solo si tuviésemos un sistema puramente determinista cuyos parámetros fuesen prefijados de antemano por una fuerza superior, una especie de Dios de la Física, solo entonces el viaje hacia el futuro podría ser determinado con unicidad. Pero no se equivoquen, todavía nos quedaría el viaje hacia atrás, y como la realidad no es inyectiva, entonces tampoco es biyectiva; es decir, a cada oveja no le corresponde una sola pareja, y concluiríamos que estaríamos atrapados en el futuro y no sabríamos ir hacia atrás. Este tema no es nuevo, pues ya los cineastas, escritores y filósofos, que poseen una formación matemática del libro gordo de Petete, han imaginado esta posibilidad y la han desarrollado magistralmente, con lo cual uno llega a la conclusión de que no hay que ser realmente experto para soñar que algo es posible. Por ejemplo, nunca sabremos si es verdad o no si Fermat sabía demostrar la conjetura que lleva su nombre cuando en 1637 escribió en el margen de la copia de su libro de Arithmetica de Diofanto: «Es imposible descomponer un cubo en dos cubos, un bicuadrado en dos bicuadrados y, en general, una potencia cualquiera, aparte del cuadrado, en dos potencias del mismo exponente. He encontrado una demostración realmente admirable, pero el margen del libro es muy pequeño para ponerla». ¿Y si realmente Fermat hubiese envidado a la grande con la historia y estuviese hablando de boquilla? Al fin y al cabo, Pierre de Fermat era jurista. En cualquier caso, hicieron falta 350 años para que esta conjetura fuese demostrada por otro anglosajón, Andrew Wiles, aunque la demostración fue fallida en primera instancia. Wiles declaró entonces: «Uno entra en la primera habitación de una mansión y todo está en una oscuridad completa. Uno va tropezando y golpeando los muebles, pero poco a poco uno aprende dónde está cada elemento del mobiliario. Al fin, tras seis meses más o menos, encuentras el interruptor de la luz y de repente todo está iluminado. Puedes ver exactamente dónde estás. Entonces vas a la siguiente habitación y te pasas otros seis meses en las tinieblas. Así, cada uno de estos progresos, aunque a veces son muy rápidos, son la culminación de meses precedentes de tropezones en la oscuridad, sin los cuales el avance hubiera sido imposible». Estos anglosajones son la bomba. Vamos a ver si he comprendido la lección a partir de varios ejemplos. Tenemos la máquina dichosa y Franco acaba de morir. ¿Ustedes creen que si hubiésemos viajado 40 años hacia el futuro hubiésemos visto esto? ¿Creen que veríamos un PSOE al borde de la desaparición y un Felipe González viejo, hinchado y desacreditado? ¿Cómo se puede elegir de líder a alguien que mal gobierna la región con más paro de España? ¿Creen que veríamos a un PP enfangado hasta la médula en historias de corrupción y de tráfico de influencias? ¿Creen que veríamos unas instituciones completamente desacreditadas? ¿En qué lugar de nuestra historia hemos tomado una bifurcación que pone en peligro nuestra democracia? ¿Creen que si hubiéramos sabido lo que hoy sabemos, Aznar se hubiese hecho las fotos en la boda de su hija con toda estas ´personalidades´ que hoy demoran ´in prison´? Y los que faltan€ Segundo ejemplo. Cuando trabajaba en Francia hace ya más de 25 años (¡qué viejo soy!), a Macron le estaban saliendo las espinillas en la cara. Por entonces conocer a un votante del Frente Nacional era como encontrar al Bosón, una vergüenza; estaban considerados como los herederos del régimen de Vichy y sus votantes se escondían, como huían los jabalíes de los petardos simulando los disparos de los cazadores. Pero hoy en día los jabalíes deambulan a sus anchas por el centro, e incluso entran en la Junta del Principado, teatro de los sueños rotos, escenario de lo que pudo ser y no fue, de las ocasiones perdidas. Creo que tengo que parar la música de Coldplay. Oyendo Speed of sound llego lejos, muy lejos, y luego me arrepiento. En cualquier caso, hoy en día el FN son más de 12 millones de votantes y mantienen en jaque «à la Republique». Macron ha perdido las espinillas, se ha casado con su profe, y «le Partit Socialiste c´est fini, mon kiki!»; «Benoît Hamon et Jean-Luc Mélenchon mangent du saucisson; et François achète les croissants!». Decir que todos son fascistas es una gran simplificación. ¡Uy, si conociesen el dispendio de los diputados europeos que corre por internet! Ahora suena In my place y me siento volar, sin alas. Cuando vi por primera vez en 1986 en Francia que en un supermercado vendían carne de perro, me equivoqué y la compré, porque estaba barata y la beca no daba para más. Hoy es un gran mercado. Cuando en 1992 vi en Trondheim a unos obreros hablar con algo que parecía más un arma de defensa que un teléfono, no pude imaginar que hoy estuviésemos todos colgados del smart. Por entonces sonaba premonitoriamente Losing my religion del gran grupo estadounidense REM, que nos acompañó durante ese gran sueño de verano. No obstante, mi canción preferida es Yellow. Me gustaría que recuperásemos la senda de la decencia y de la libertad y enfocásemos un futuro apasionante basado en el talento, en el respeto, en la educación y en la justicia. Canta bien Martin que «Every teardrop is a waterfall» (cada lágrima es una cascada). No saben cómo me gustaría poder volver a finales de agosto del 2005 y poder despedirme ´comme-il-faut´ de mi madre. Es duro decirlo, pero la muerte iguala, y todo lo que somos solo queda en la memoria de los que te aman. El odio es siempre un sentimiento de corto recorrido.

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