Tierra de nadie

Qué bueno

18.05.2017 | 20:13

Estaba comiendo en un restaurante del aeropuerto, sin meterme con nadie, cuando un hombre, en la mesa de al lado, le dijo a otro:

-Tesla pone hoy a la venta la teja fotovoltaica.

La frase me arrancó del ensimismamiento en el que había caído. Observé a mis vecinos de mesa. Eran dos ejecutivos como de treinta y cinco años, bien trajeados, que daban cuenta de una ración de pulpo con patatas. Pensé que La teja fotovoltaica era un excelente título para un poema, de modo que cuando me devolvieron, incómodos, la mirada, se lo dije:

-Perdonen, no he podido evitar escucharles. Qué hermosa expresión, «teja fotovoltaica». Debería ser el título de un poema. Los dos rieron al unísono. A ellos les parecía un sintagma prosaico. Se habían acostumbrado a él. Les pregunté por ella, por la teja, y uno de ellos sacó el móvil, entró en internet y me mostró algunos modelos, cada uno más hermoso que el anterior. Las había de colores distintos, y hasta de cristal, y tenían la ventaja de adaptarse a las tejas tradicionales. Eran mucho más bellas, desde luego, que los paneles solares, que ocupan tanto espacio y que nos resultan tan marcianos.

Les conté que en mi barrio, cuando yo era pequeño, había una fábrica de tejas árabes que se hacían prácticamente a mano. Las tejas árabes reúnen una cantidad de talento insoportable. Se imbrican entre sí de un modo que no permite el paso de una gota de agua, y que aísla también del frío en invierno y del calor en verano. Se trata de la pieza de cerámica más simple que quepa imaginar, aunque de una eficacia demoledora. Puede crear sobre su superficie un musgo que colorea los tejados con una gama increíble de verdes. Cuando estas tejas, que duran siglos, se retiran, funcionan perfectamente como esculturas de jardín. Las recuerdo secando al sol sobre listones de madera. El fabricante nos miraba a los niños y nos preguntaba si queríamos pasar. Le decíamos que no.

-¿Por qué le decíais que no? –dice uno de los ejecutivos.

-Porque era un hombre turbio –digo yo.

En esto, anuncian la salida de mi vuelo y nos tenemos que despedir. La teja fotovoltaica, qué bueno. Muchas gracias.

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