La chapa del sábado

La noche en blanco

¿Lo vendo o no lo vendo? Horas en vela del aficionado malaguista, que se debate entre ganarse un dinero o ver al equipo de su alma

20.05.2017 | 09:22

Si ya cuando el Real Madrid o el Barcelona visitan La Rosaleda se habla de ello, esta semana más aún. El partido de mañana tiene a mucho malaguista sin dormir. Y eso que el Málaga CF, competitivamente hablando, apenas se juega algo. Los blancos tienen la liga a punto. Míchel, blanco como él solo y circunstancialmente blanquiazul, en el punto de mira de todos, a pesar de que su capacidad de acción sobre el posible resultado del encuentro es exactamente la misma que en el resto de partidos que ha disputado como entrenador durante toda su carrera. Pero el verdadero protagonista de las semanas previas al final liguero en Martiricos ni siquiera va a pisar el césped. El aficionado, ese que vende el bolígrafo y el carné detrás de un pseudónimo en internet, lleva días y días sin dormir. Escuchando en la oficina esas burradas que dicen sus compañeros. Que si valiente vergüenza de aficionados, que si esas cosas deberían prohibirlas, que esa gente ni es malaguista ni es ...Se esconde, temeroso de ser detectado, detrás de la pantalla. Ni siquiera la tertulia deportiva de la madrugada le da una tregua. A comienzos de semana, el debate no era si jugaría Isco o Bale o las ganas que tendría Sandro de redondear su temporada con dos goles al Real Madrid. No. La pregunta al compañero radiofónico de Málaga era si aquí hay más merengones o más culés. Sudor frío y unas pastillas para combatir el desvelo. La noche en vela mirando al móvil, por si hay ya alguna oferta, y esa pregunta retumbando en su cabeza: ¿Seré yo, señor, seré yo? Llega el viernes, ya agotado, y al abrir el periódico un vecino le acusa, le señala con el dedo. «No me gustaría saltar a jugar a una Rosaleda con un 50% de madridistas el domingo», confesaba José Luis García del Pozo, Recio, en estas páginas. Probablemente Míchel haya pasado una semana más tranquila que este aficionado, que ha decidido pasar las últimas horas antes del encuentro perdiéndose entre la multitud, siendo devorado por la muchedumbre que esta noche abarrotará las calles, hasta que su cabeza y su móvil se iluminen con una señal liberadora, que le descargue del peso que cae en sus hombros desde hace días. Entonces y sólo entonces le quedará una pena, la de perderse al día siguiente el partido del equipo de sus amores.

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