Columna abierta

Extranjeros en la propia tierra

21.05.2017 | 02:00

España es un país cada día más desconocido por los propios españoles, que acabarán viviendo como extranjeros en su propia tierra». Lo ha dicho Jesús G.Maestro, profesor de la Universidad de Vigo que acaba de publicar una Crítica de la razón literaria. Añade que «si la teorìa literaria hecha en España no sirve para desmitificar y criticar los disparates que se nos imponen desde la pseudoteoría literaria escrita en inglés, entonces lo que hacemos en nuestras universidades no sirve para nada». La queja puede abarcar todos los órdenes de la vida española, económicos, ecológicos, educativos, profesionales y lúdicos. Este mimetismo ovejuno humilla a quienes lo percibimos como rendición sin condiciones a una lengua y unos neologismos que son pura barbarie en el marco de una lengua, la nuestra, hablada por casi 600 millones de personas: la lengua de muchas de las obras maestras de la literatura universal.

La adopción de las frases hechas y las fórmulas designativas que se nos cuelan en lengua inglesa se agrava con la ridícula manía interior de bautizar «a la inglesa» negocios, enseñanzas, entretenimietos y actividades de todo tipo. Esa influencia se duplica con otra flaqueza añadida al abuso cuantitativo: la cursilería. Y así aparecen cada día empresas, bochinches, servicios, comercios canciones y ofertas de enseñanza que solapan su banalidad en anglicismos y van de la ilusión de modernidad a la patraña de designar funciones menestrales o subalternas con títulos pomposos que ni siquiera traducidos se entienden.

Está muy bien hablar inglés cuando procede. Sería digno de ver cómo afrontaríamos el chino si llegara a ser la lengua imperial que es hoy la inglesa (un cambio no descartable). Sonroja compararnos con los franceses, que respetan su lengua y someten a ella la por ahora dominante agresión anglosajona. Los francófonos, muchos menos que los hispanohablantes, lo hacen sin que ello rebaje su peso en el escenario exterior. Pero las lenguas minoritarias de España también resisten, orgullosas de su historia y su vigencia como instrumento de comunicación y de creación artística. Si no aparece cuanto antes una regulación consensuada que ponga lìmites a la polución lingüística, la mayoría de los españoles seremos extranjeros en nuestrea propia tierra. No hay seña de identidad cultural y social comparable al idioma.

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