Desde la distancia

Letra de Macron y música de Trump

22.05.2017 | 02:15

Manuel Macron ha emergido como nuevo bastión del europeísmo. No deja de tener mérito que el nuevo presidente socio-liberal de Francia llegara al Elíseo bajo una pancarta de defensa de una integración europea más potente y con mayores cesiones de soberanía de los estados justo cuando esa bandera está a media asta en buena parte del Continente por el Brexit, los populismos eurófobos y quizá también por el espectáculo que seguimos dando con Grecia arrastrándose por una nueva recesión y con una deuda cercana al 180% del PIB, incobrable.

Macron quiere atacar el mal francés (estancamiento económico, pérdida de competitividad, desequilibrio en las cuentas públicas€) con reformas laborales (algunas de corte nórdico, como la extensión del seguro de desempleo), reducción vegetativa de 120.000 funcionarios, rebaja de impuestos y de cotizaciones sociales, ajustes en las pensiones sin retrasar la edad de jubilación y con el compromiso, este elogiado por la izquierda, de estimular el crecimiento con inversión pública€Y aspira a afrontar el mal del euro con más Europa y con más liderazgo francés en ella.

Las dificultades económicas y en particular la incapacidad de bajar el nivel de paro del 10% (frente al 3,9% alemán) o de contener la deuda pública (96% del PIB, frente al 68% alemán) han desgastado la posición de París a favor de Berlín en la pareja que históricamente ha marcado el paso de la construcción europea. El exbanquero de Rothschild ya sabe que para conseguir eso segundo (recuperar poder al lado de Merkel) tiene que pasar el examen de lo primero (las reformas y ajustes que Hollande se resistió a hacer o dejó a medias).
El discurso europeísta de Emmanuel Macron suena coherente salvo por un detalle que rechina: su propuesta conocida como Compra europeo o Buy European Act (por analogía con el Buy American Act estadounidense), que consiste en limitar el acceso a las contrataciones públicas dentro de Europa (por ejemplo, a los grandes contratos de infraestructuras y de telecomunicaciones) a las empresas de aquellos países que limiten la participación de las europeas en sus propios procesos, caso de EEUU. Si pensamos en un criterio de reciprocidad, suena bien. Si consideramos que en el ADN de Europa está la defensa del comercio y la circulación libres de bienes y personas como generadores de innovación, riqueza y progreso, el Compra europeo suena a meter una canción de Donald Trump en un disco dedicado a los padres fundadores de la UE (Adenaure, Churchill, Monnet, Shuman€).

Quizá no convenga rechazar de plano que Europa tome medidas defensivas, pero por la acumulación de las de unos y las de otros suelen empezar las guerras comerciales que siempre empobrecen. De Macron, como de cualquier líder europeo, sería preferible escuchar propuestas para que las ganancias del libre comercio se repartan de manera más equitativa. A beneficio de los principales logros políticos y sociales de Europa: la democracia y el Estado del bienestar.

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