La chapa del sábado

Marcianitos

03.06.2017 | 00:11

La misma semana en la que la NASA ha hecho públicos nuevos detalles sobre las posibilidades, pasadas, de que Marte haya albergado vida, sus habitantes han invadido la Tierra como diciendo: «De pasada, nada». Aquí estamos. En Málaga, sin ir más lejos. Su llegada ha soliviantado a más de uno, sobre todo con sotana, aunque es curioso que de la treintena de invasores que se han adherido a las paredes de la capital de la Costa del Sol, la que más jaleo ha generado ha sido una que parece haberse adelantado a la Feria, más que venir del planeta rojo. Qué cosas. Y lo que es realmente marciana es la pelota que no para de crecer a raíz de la intervención de Invader. Un gestor cultural afirmando que seguramente el artista, porque desde luego con la que ha liado, es un artista, no sepa ni dónde coloca los polémicos azulejos; un alcalde que dice que estas cosas, como el Avecrem, enriquecen; y ayer mismo la Junta lamentando que las autoridades municipales no defiendan el patrimonio cultural, asegurando que arte urbano, sí, pero oiga, con cuidado, en esta pared, precisamente, no. La más lógica de todas las reacciones que se han producido ante la invasión que, si les digo la verdad, muy invasiva, muy invasiva, tampoco es, porque hasta ayer mismo no me percaté de que tengo dos a la vuelta de la esquina.

Otra marcianada, pero esta en Madrid, la ha protagonizado Manuel Moix. No por poseer el 25% de una sociedad en Panamá. No por dimitir después del tira y afloja mediático que se ha creado después de que los medios de comunicación divulgaran que el fiscal Anticorrupción del país heredó lo que sea de sus padres. Lo marciano es que el propio Moix no se viese venir la que ha caído, con la que está cayendo en España desde hace años con la corrupción que él mismo está (estaba) encargado de perseguir. Del mismo planeta viene Donald Trump. Y que no lo digo yo, lo dice él mismo cuando ha sacado a su país del acuerdo global por el clima del planeta en el que temporalmente habita él, junto a los millones de electores estadounidenses que le votaron en su momento. Como el calentamiento global se ponga cachondo, no va a haber platillos volantes para que todos se vuelvan para Marte. Ni azulejos para inmortalizarlo.

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