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Europa no es un supermercado

24.06.2017 | 05:00

La semana pasada decía que quizás el populismo antieuropeo, tras alcanzar su punto máximo, iniciaba el descenso. El resultado de las elecciones francesas del domingo pasado lo confirma. El nuevo partido de Macron (centrista y abierto a socialistas y liberales) y sus aliados del Modem (democristianos) obtuvieron 308 y 42 diputados respectivamente, sobre un total de 577. Cierto que la abstención fue muy alta (56%), lo que indica que hay una fracción del electorado que no se ha movilizado contra Macron pero que es escéptica. Le juzgarán en función de cómo gobierne (la reforma laboral es su primera asignatura) y de los resultados que vaya obteniendo.

Por otra parte, el populismo ha sido derrotado. Marine Le Pen, que iba para presidenta, se queda con sólo 8 diputados y la Francia Insumisa de Mélenchon (similar a Podemos) con 27.

Macron tiene manos libres. Los ministros del Modem han dimitido por la utilización de asistentes parlamentarios en Bruselas como empleados del partido en Francia (no es exactamente corrupción), y Macron ha hecho un nuevo gobierno en condiciones favorables. En efecto, el segundo partido con 113 diputados ha sido la derecha que se ha vuelto a dividir. Una treintena de esos diputados –que se califican de constructivos– quieren colaborar con el presidente.

Lo más relevante es que la elección de Macron y su amplia mayoría van a relanzar el proyecto europeo en alianza con la Alemania de Merkel, donde puede haber otra ´gran coalición´ tras las elecciones de septiembre. España debería estar cerca de ese puente de mando del euro, el único que puede asegurar la indispensable estabilidad política y económica del continente. Macron ha señalado sus objetivos en una larga entrevista a siete diarios europeos (entre ellos El País y el conservador francés Le Figaro). El mensaje principal es que «Europa no es un supermercado sino una unidad de destino que se debilita cuando acepta que se rechacen sus principios». Para Macron, Europa ha perdido fuerza porque ha tenido fallos al proteger a sus ciudadanos. Militarmente, en seguridad (control de fronteras y terrorismo), en economía y en derechos sociales. Ataca las medidas ultraliberales que han permitido que trabajadores con condiciones laborales de Polonia trabajaran en Gran Bretaña.

Empieza un nuevo capítulo, lleno de dificultades pero mucho más esperanzador que el temido hace pocos meses, del proyecto europeo.

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