Con otra cara

Cosas de piratas

25.06.2017 | 11:50

No sé si nos estaremos pasando de frenada en defensa de lo políticamente correcto, pero una tiene la sensación de que bordeamos el esperpento cuando se encuentra con que una representación infantil de fin de curso en un colegio de Palma acaba siendo investigada por la policía porque en una de las canciones, llamada El Himno de los Piratas, se aboga por acabar con los cristianos. Se trata de un tema de la obra teatral de finales del siglo XIX Mar i Cel, de Àngel Guimerà, que en los años 80 el grupo Dagoll Dagom adaptó al género musical. En la canción, los piratas cantan párrafos como: «Llegará un día de gloria cuando ya no queden cristianos que cantaremos la gran victoria de los fieles valientes hijos de Alá», letra que algunos padres y madres no consideran apropiada ante la escalada terrorista que nos invade.

Es verdad que que te llegue el crío a casa cantando loas a Alà con la que está cayendo, llama la atención, aunque, si lo vistes de pirata, le pones un parche en un ojo y lo subes a un escenario en un barco de cartón, igual no es tan dramático. En las fiestas de Moros y Cristianos de cualquier localidad alicantina te encuentras con amenazas de grueso calibre contra los cristianos en boca del embajador moro, y al revés, y nadie se rasga las vestiduras; al menos hasta ahora, que no se trata de dar ideas.

Si nos ponemos finos, mejor que nuestros hijos no lean a Shakespeare ni vean cómo justifica Otelo el asesinato de Desdémona al creerla infiel no sea que alguien vea en la obra una apología de la violencia de género, ni permitamos que los niños jueguen en la calle a policías y ladrones, ni que en las funciones de títeres acaben siempre solucionando sus problema a garrotazos entre los aplausos de los críos, ni que nos riamos cuando Homer Simpson zarandea a Bart cogiéndolo por el cuello, ni dejemos a los niños ver Blancanieves o la Cenicienta donde las únicas que limpian son las mujeres mientras esperan a que el príncipe las salve. Está bien que tengamos cuidado para no tolerar actitudes machistas, homófobas, racistas y obviamente terroristas, pero se nos está haciendo la piel tan fina que no hay quien cuente un chiste por si hay alguien que se ofende.

Que un compañero de trabajo te diga que estás guapa con tu nuevo corte de pelo es machista o es acoso, un cachete en el culo al crío si intenta meter las manos en el enchufe es maltrato, llamar chino a un chino es racista y cantar una canción de piratas es incitación al terrorismo...

Dado el carácter guasón que nos gastamos por estas tierras, es realmente difícil no saltarnos el dogma en más de una ocasión, aunque quizá el mayor problema es que nos lo tomemos todo demasiado en serio.

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