Tribuna

Por qué Google nunca nacería en Europa

El fracaso es esencial. Apple se cargó el IPod (cuando era un producto estrella) al incorporar su función de música como una aplicación del IPhone. Le cortó de cuajo las alas porque, de no haberlo hecho, alguien de la competencia lo habría hecho por ellos

03.07.2017 | 22:33

Internet ha transformado todo menos el dominio de las compañías estadounidenses en la economía global. Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook son, en viñetas, ´Los cinco fantásticos´, aunque desde Europa hay quienes prefieren denominar a estas compañías norteamericanas ´Las cinco temibles´ por su avasalladora posición dominante. Este repóquer tecnológico sigue pisando el acelerador y creciendo en tasas de dos dígitos. Sólo en el primer trimestre del año rozó unos ingresos conjuntos de 143.500 millones de dólares.

Mientras, en el Viejo Continente lo que más preocupa es si estas empresas pagan impuestos acordes a su gigantesco tamaño o si dejan hueco en el mercado a sus competidores. Es normal que a la administración comunitaria le preocupe la recaudación y la competencia, pero más le debería preocupar que en Europa no haya empresas que estén en condiciones de disputarles el hueco o de crearlo. La pregunta es si bajo una arquitectura comunitaria controladora y recaudatoria compañías como Google podrían nacer y crecer. O más directo, ¿por qué en Estados Unidos sí y en Europa no?

El marco fiscal y regulatorio es importante, pero hay otros factores de peso. Centrándose en Silicon Valley, la BBC entrevistó a varios expertos para tratar de averiguar las claves del milagro de California. Llegó a la conclusión de que Silicon Valley es el resultado de una amalgama formada con elementos del mundo académico, el sector privado e inversiones en investigación por parte del Gobierno de Estados Unidos, a lo que se le suma una legislación estatal en la que crear una empresa es bastante fácil y una población de emprendedores en serie, un flujo continuo de ingenieros bien formados, empresarios, publicitarios, investigadores... con experiencias en los negocios y que saben cómo y por qué ocurren los fracasos. Allí los fallos empresariales se consideran una medalla de experiencia y no un tatuaje de incompetencia. El fracaso es esencial porque incluso las innovaciones y negocios más inteligentes fracasan varias veces antes de tener éxito. Google es un ejemplo. Al menos media docena de empresas de Silicon Valley intentaron convertir las búsquedas en negocio, pero Google fue la primera que descifró el código y con ello la combinación del éxito. Pero incluso cuando estas empresas tienen éxito, el único camino que siguen para sobrevivir es el de huir hacia el futuro mediante la innovación sin descanso. Siempre se pone el ejemplo de Apple, que se cargó el IPod (cuando era un producto estrella que estaba en su apogeo y en los oídos de medio mundo) al incorporar su función de música como una aplicación más del IPhone. Le cortó de cuajo las alas porque, de no haberlo hecho, alguien de la competencia lo habría hecho por ellos.

Apple se convirtió el pasado mayo en la primera empresa cuyo valor de mercado rebasa los 800.000 millones de dólares. Además, según los expertos, cuando la empresa lance su nuevo IPhone en septiembre, coincidiendo con el décimo aniversario del lanzamiento del primer modelo (el que se cargó al IPod) su valor de mercado podría alcanzar un trillón de dólares (utilizando la denominación común en Estados Unidos), es decir, un millón de millones de dólares.

Uno de los expertos entrevistados por la BBC concluía que el fracaso es lo que hace que el éxito de Silicon Valley sea tan difícil de reproducir. Los competidores potenciales sólo ven, e intentan copiar, el éxito de Valley. Y algunas veces, podríamos añadir, sólo aspiran a cortarles las alas.

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