Tierra de nadie

Performance

07.07.2017 | 05:00

Leo, estupefacto, que el banco de Santander compró el Popular a ciegas, sin disponer de todos los datos de los que habría precisado para culminar la operación sin sustos posteriores. Lean atentamente este entrecomillado: «€algunas estimaciones con las que el Santander tomó la decisión de la adquisición podrían ser inexactas, incompletas, incorrectas u obsoletas». O este otro, donde afirma que «podría encontrar activos dañados o deteriorados, riesgos desconocidos y pasivos ocultos que excedan las previsiones actuales y que no estén cubiertos, lo que podría producir un efecto adverso significativo en el Santander». Son solo un par de ejemplos de un rosario de irregularidades extraídos no de un libelo de la competencia, sino de un folleto del propio banco que en la noche del 6 al 7 de junio decidió la compra del Popular sin la información, como vamos viendo, que habría requerido un movimiento de este calibre.

Suponemos que, al tratarse de una aventura financiera, no tenía necesidad alguna de pasar por la razón. Bastaba con el olfato. En este sentido los expertos que diseñaron la maniobra actuaron como el novelista que ignora a dónde va la acción o el poeta que no tiene ni idea de cómo será el último verso. Pero la diferencia entre adquirir un banco y escribir un poema es notable. Con el poema, aunque salga mal, no arruinas a nadie. Todos tenemos, sin embargo, en la cabeza la ampliación de capital de Bankia, que llevó a tantas familias al desastre. Rodrigo Rato se comportó como un poeta (un poeta maldito), sin darse cuenta de que no manipulaba palabras, sino acciones. La dirección del Santander no tiene en estos momentos ni idea de lo que adquirió (por un euro), lo que viene a ser como si ignoráramos la resistencia de un puente hasta el día de su inauguración.

Significa que la banca se comporta con la irresponsabilidad que tradicionalmente atribuimos a los artistas, aunque sin producir sus efectos estéticos. Más que una compra, el Santander ha llevado a cabo una performance, es decir, un espectáculo de vanguardia con el que sus accionistas, sin tienen sensibilidad artística, deberían estar encantados. Enhorabuena.

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