Porque hoy es sábado

Y si te dijeran que puedes

08.07.2017 | 05:00
Ha muerto Bradley, el niño de seis años que ha luchado contra su enfermedad desde que tenía meses. El jugador inglés Defoe hizo amistad con él hasta el punto que ha pasado noches acompañándolo con su familia. Ver al futbolista acurrucado junto al pequeño te encoge el estómago. Es una buena persona, pero sus padres y el niño, los héroes.

La vida es exploración y cuando no lo es, la vida es peor. Lo dijo Sebastián Álvaro, el alpinista y escritor que creó Al filo de lo imposible, uno de los grandes programas clásicos de La 2 de TVE, mientras iba explicando cómo habían rodado el documental Di capacitados: ¿Y si te dijeran que puedes?. Sus protagonistas son personas sencillas afectadas de esquizofrenia que superan sus limitaciones, exteriores e interiores (éstas son las peores) y coronan contra todo pronóstico el afilado pico del Naranjo de Bulnes, 2.519 metros de altura. Me atrapó la solvencia de lo que contaba Sebastián, avalada por su propia vida y sus impresionantes dotes de comunicador. Brutal.

Afenes

Fue el miércoles en la sala Edgar Neville de la Diputación de Málaga, coincidiendo con el 25 aniversario de Feafes Andalucía, la brava gente de la federación de asociaciones de familiares y pacientes que bregan con el injusto estigma social añadido a padecer problemas de salud mental. Allí se nos dejaron claras algunas cosas que se deben aplicar no sólo a las personas con ciertas discapacidades, sino a quienes de manera transitoria o al llegar a la ancianidad necesitaremos de la ayuda de quienes nos rodean a la hora de tomar decisiones, pero no que se nos suplante a la hora de decidir aquello que nos afecte. La gala fue larguilla, pero tuvo una doble emoción, ya que estaba urdida para lanzarle un gancho directo al corazón a Miguel Acosta, alma de AFENES en Málaga, quien con 80 años cumplidos tuvo que encajar por sorpresa reconocimiento y afecto a borbotones.

Capitán Trueno

Y como sé que al bueno de Miguel le hace ilusión que yo deje esto por escrito –y no quiero ser menos que nuestro imprescindible Alfonso Vázquez en La Opinión cuando repasó su biografía- recordaré de nuevo algo para que se quede en el periódico. Soy de aquellos que hicieron la EGB, nacido en los 60. Y desde 4º a 8º la hice en el colegio público que hoy se llama Dr. Fleming, en la calle Horacio Lengo, pero entonces se llamaba como tantas otras instituciones marcadas por el contexto político de la dictadura Colegio Nacional Generalísimo, aunque la vecindad lo conocía por el nombre de el Grupo escolar o el Grupo. Allí tuve de director a Don Evaristo Morcillo y de subdirectora a la Srta. Mari Carmen. Y de entre los profesores que más recuerdo al entonces ya anciano Don Enrique, que lidiaba con los más pequeños con bondad infinita; a Don Juan Infantes, a Don Miguel Olalla y al querido Don Manuel Acosta, padre del homenajeado Miguel y maestro vocacional al que jamás olvidé.

La momia

Las inyecciones de solidaridad y esfuerzo que transmiten familiares y pacientes en estos colectivos contrastan con la soledad que vamos embolsando en la sociedad. Por eso otra de las cosas que me han impactado de lo ocurrido esta semana, pero con tristeza, ha sido la noticia de la mujer de Culleredo, un municipio de 30.000 habitantes y en el extrarradio de La Coruña –no se trata de ningún lugar aislado-, que ha sido encontrada muerta y momificada en su piso, donde yacía al parecer desde hace cuatro años. Su buzón hace mucho que se atestó. Sus vecinos hacía mucho que no la saludaban al pasar. Su coche seguía aparcado en el garaje comunitario enterrado progresivamente en polvo. La puerta de su vivienda hacía mucho que no se abría. Pero sólo cuando la cuenta corriente de la que se detraía cada mes el pago de las facturas se acabó, se dio la voz de alarma. Ya sé que valoramos mucho nuestra intimidad y que las viejas relaciones de vecindad han ido despareciendo, excepto en comunidades rurales, pero esa merma en la relación colaborativa, en el mínimo compromiso con las alegrías y los problemas del vecino no es muy recomendable. Vivir así no.

Bradley y Defoe

Todos tenemos capacidades y limitaciones, pero sólo centrándonos en las primeras sobreviviremos a las segundas. Pero que un niño cumpla seis años como estación término, como Bradley, no es de recibo. Antes de las vacaciones los profes llevaron a la clase de mi niño al cine a ver El capitán Calzoncillos. El personaje está basado en los libros de Dav Pilkey, un ilustrador americano. Lo bueno es que Calzoncillos es un peculiar superhéroe que se inventan otros dos niños en el cuento y al que identifican de manera gamberrilla con su profesor. Yo le regalé el primer libro a mi sobrino, que ahora termina 4º de veterinaria, cuando él tenía la edad de Bradley y de mi hijo. Ver a ese futbolista internacional inglés, Defoe, acurrucado junto al pequeño Bradley en una de las fotos que han subido a la web sus padres, te encoge el estómago. Aunque conviene no desenfocar. Defoe es una buena persona, pero son los padres de Bradley los superhéroes, después del propio chiquillo, cuyo sufrimiento por culpa del agresivo neuroblastoma que padece le hace parecer mayor cuando habla o mira herido a la cámara. Ojalá les llegara este beso de papel a las familias y a los niños malitos, ¿verdad Andrés Olivares??
Porque hoy es Sábado.

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