Cartas al director

10.07.2017 | 23:35

'Carta abierta a un acróbata', por Francisco García Castro

Estimado Pedro, no te lo tomes a mal. Falleces ejerciendo tu profesión en un festival ( Mad Cool), y a nadie de la organización se le ocurre suspender el festival. No te lo tomes a mal, ya sabes: la función debe continuar. Aunque, hoy ya no es ´función´, es show. Pues eso, el show debe continuar. Le ocurrió lo mismo al joven japonés de Moto2, Tamizawa. Es así. El ´capital´ no escribe necrológicas. El capital anota beneficios, o pufos, o usura, pero no, Pedro, el capital no es empático, no tiene sentimientos. Llevamos décadas preguntando quiénes son esos del ´capital´. Quiénes, esos seres letalmente fríos. Lo peor de todo esto –obvio es, que junto con tu traumática ausencia– es que la pregunta tiene una respuesta que nos delata a todos. A todos. Por eso la esquivamos, por eso, siempre vemos la viga en ojo ajeno. Nos delata, y aquí nadie quiere ser un mercenario. Pero haberlos hailos, y muchos. Muchos. Pedro, un abrazo.

'Las charlas del abuelo', por Federico Barbero

Cuando el hombre se jubila parece como si se quedara sin trabajo y, sin embargo, ese tiempo puede ser el más provechoso de la vida, al ofrecer su experiencia, amor y testimonio. Durante el curso escolar que acaba de terminar, me encargué de llevar mis nietos al colegio y aproveché los cinco minutos del trayecto, para hablarle de las virtudes. El último día tocó «cómo vivir el orden» para aprovechar mejor el tiempo y así llegar con puntualidad al colegio, al trabajo o donde se tenga previsto ir. Les he hablado de la responsabilidad, obediencia, honradez, sinceridad y muchas otras, tan necesarias, incluida la del perdón, obligatoria para la convivencia. Deseo que las aprendan y las practiquen porque les ayudarán a crecer como personas y a ser justos, sinceros y ordenados ya que, una persona sin virtudes es como un árbol sin fruto, cosa que entienden muy bien mis nietos, María Estela y Santi. El próximo curso les hablaré del peligro de los vicios y pecados capitales ya que, destruyen a la persona, su entorno y a la propia sociedad.

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