Al azar

Rajoy sabe menos que la Infanta

26.07.2017 | 22:30

La infanta Cristina no sabía lo que hacía su marido en su nombre, y Rajoy ignoraba lo que hacía su partido en su nombre. El problema es que la hermana del Rey se lucraba con los manejos de su esposo, y que el presidente del Gobierno llegó a La Moncloa con el combustible de las oscuras maniobras en el PP. Que paguen Urdangarin y Bárcenas, si alguien cree que sus íntimos eran irresponsables. En la declaración de ayer ante la Audiencia Nacional quedó claro que el titular del ejecutivo se aferra al cargo que le ha regalado el PSOE porque sabe que, en caso contrario, se arriesgaría a ocupar la incómoda posición de su compañero vicepresidente Rodrigo Rato ante idéntico tribunal.

«Jamás oí hablar de financiación irregular» equivale a la infanta formulando que «jamás oí hablar de malversación», porque desde luego que los miembros de la Familia Real no hablaban del botín público en términos así de desagradables. Rajoy casi bate la marca de 160 «no lo sé» de la infanta Cristina. Dado su distanciamiento de la formación conservadora que preside, hasta su militancia en el PP en las fechas de marras debe quedar en entredicho. Rebobinando, quien en la fecha de autos hubiera limitado los poderes del presidente del Gobierno en su partido, hubiera sido tildado de desinformado. Y sobre todo, de malintencionado. Ahora resulta que solo iba al despacho a leer los periódicos. Repite la estrategia de defensa de Jaume Matas, otro compañero de gabinete de Rajoy con tres condenas penales a sus espaldas.

Rajoy y la infanta, mismo combate. Desde sus respectivas posiciones cuasidivinas, se han dignado descender del Olimpo. Con una nutrida protección policial y desde el presupuesto de que un matrimonio o un «hacemos lo que podemos» no significa nada. El presidente del Gobierno se escuda en que solo tenía responsabilidades políticas. El problema reside en que no asume dichas responsabilidades. Es superfluo discutir si Mariano y Cristina han resultado ganadores, porque su victoria se impone a costa del descrédito de sus funciones.

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